Xi, Trump y un golpe de timón para no chocar el barco

T/Fernando Capotondo F/Xinhua En la tradición cultural y política de China, las metáforas sobre el agua y los navíos nunca son casuales. Cuando la diplomacia de Beijing califica la relación entre China y Estados Unidos como un “gran barco”, está apelando a un concepto profundamente arraigado en la cosmovisión china: el tóng zhōu gòng jì (同舟共济), la milenaria premisa de “cruzar el río juntos en la misma embarcación”. Para la filosofía oriental, una nave importante simboliza el peso y la estabilidad necesarios para resistir cualquier tormenta, pero también representa la inevitabilidad de un destino compartido, donde las diferencias individuales quedan subordinadas a la supervivencia colectiva. Si el barco naufraga, nadie se salva. O en palabras de la geopolítica, “China y Estados Unidos deben ser socios, no rivales; deben encontrar la forma correcta de llevarse bien”, como señaló el presidente Xi Jinping apenas arribó a Washington, en una visita de Estado que tuvo lugar a sólo 4 meses y pico del viaje de Donald Trump a Beijing. En una de sus primeras declaraciones en la Casa Blanca, y tal como lo había destacado en otras oportunidades, Xi ratificó que está dispuesto a trabajar con Trump “para dirigir por un rumbo estable el gigantesco barco de las relaciones China-Estados Unidos”. “La cooperación entre ambos países – sostuvo – quizás no resuelva todos los problemas del mundo, pero sin ella, sería difícil solucionar muchos de ellos”.  “La presencia de Xi en Estados Unidos es una gran visita, somos buenos amigos y hemos mantenido una cooperación a fondo y cercana. Las relaciones entre ambos países serán bien manejadas bajo nuestra conducción”, fue la respuesta de Trump. En ese contexto, Xi destacó que los equipos económicos y comerciales de ambos países celebraron una nueva ronda de consultas y alcanzaron un acuerdo que, por ahora, tranquiliza las aguas. “Una relación estable requiere tanto ampliar la lista de áreas de cooperación como reducir la lista de problemas”, indicó, horas después de que se confirmara la extensión por dos meses de la tregua comercial – el Acuerdo de Busán – hasta el 10 de enero de 2027. La Inteligencia Artificial fue otro de los temas de la agenda bilateral sobre el que estaban puestas todas las miradas, teniendo en cuenta que esta misma semana Trump utilizó el escenario de la Asamblea General de las Naciones Unidas para expresar su rechazo a cualquier intento “por construir un plan globalista” que regule lo que se le ocurrió bautizar como “súperinteligencia”. Ambos mandatarios coincidieron en que los dos países “deben mantener el diálogo y fortalecer la cooperación bilateral”, aunque Xi dejó claro que, a su entender, el mundo necesita – y sobre todo debe – “garantizar que el desarrollo de la IA siempre permanezca bajo el control humano”. Más claro, echale Deepseek. Al referirse al delicado tema de Taiwán, Xi tampoco anduvo con demasiadas vueltas ante lo que Beijing considera una bandera roja que nadie debe intentar cruzar. Ni siquiera EE.UU. Fiel a la histórica reivindicación del “principio de una sola China”, el jefe de Estado hizo un llamado a la prudencia de Washington y, diplomático, destacó que espera se mantenga su postura de oposición a los reclamos de independencia de la isla. En cuanto a la soberanía y seguridad de los países, el presidente chino instó a EE.UU. e Irán a reanudar las negociaciones de paz, retomar el Memorándum de Entendimiento de Islamabad y, finalmente, terminar con la guerra que Washington declaró hace siete meses. También debatieron sobre la situación general de Oriente Medio, la crisis de Ucrania y la península de Corea; al tiempo que confirmaron que se apoyarán mutuamente para organizar la Reunión de Líderes Económicos de la APEC y la Cumbre de Líderes del G20 de este año. En la mayoría de los temas, el tono de las declaraciones fue como un déjà vu de lo ocurrido en la cumbre de mayo. Con matices, por supuesto. En el encuentro en Beijing, Xi había planteado un interrogante que aún resuena en los debates académicos: «¿Podrán China y Estados Unidos superar la trampa de Tucídides y crear un nuevo paradigma en las relaciones entre grandes países? No pasó demasiado tiempo, pero el concepto del peligro de guerra cuando una potencia emergente amenaza con desplazar a una potencia dominante volvió a sobrevolar el encuentro. En esta oportunidad, ocurrió cuando el mandatario chino propuso que las fuerzas armadas de ambos países mantengan un diálogo regular y mejoren tanto la comunicación como los mecanismos de prevención de crisis. “La trampa de Tucídides puede superarse”, pareció avanzar Xi. Estas cumbres de altísimo nivel suelen dejar detalles, que a veces se viralizan y hablan más que mil palabras. Durante la bienvenida que el presidente estadounidense le dio a Xi en la Base Conjunta Andrews, un bombardero B-1 Lancer realizó un llamativo sobrevuelo, perfectamente sincronizado con la finalización del himno nacional de EE.UU. El estruendo provocó muecas de supuesta sorpresa y admiración de Trump, mientras su par chino se mantenía indiferente, limitándose a pegarle una ojeada a la aeronave desplegada para la ocasión. Fueron dos muestras de poderío.  Como datos de color, quedó la invitación de Xi para que 100.000 jóvenes estadounidenses viajen a China en los próximos 5 años; el envío de una pareja de osos panda gigantes al zoológico de Atlanta, en Georgia; la visita de las primeras damas Peng Liyuan y Melania Trump al Museo Nacional de Arte Asiático; y la cena de Estado en la Casa Blanca con la presencia de varios líderes tecnológicos de ambos países. El poeta Edmond Jabès escribió alguna vez que “lejos del puerto, el barco crece”. Es una imagen similar a la del “gigantesco barco” de las relaciones China y Estados Unidos, que Xi Jinping destaca siempre que puede. En la vieja expresión china del tóng zhōu gòng jì, quienes comparten una embarcación tienen plena conciencia que nadie se salva solo. En Washington, quedó flotando un mensaje parecido. El barco en el que andamos a los empujones no debe naufragar.

Trump dice que tuvo «una muy buena reunión» con Petro

El presidente de EE.UU., Donald Trump, fue consultado este martes sobre el encuentro que sostuvo con su homólogo de Colombia, Gustavo Petro, que calificó como «una muy buena reunión». En la Casa Blanca, una reportera le preguntó si habían logrado algún acuerdo antinarcóticos. «Sí, lo hicimos, trabajamos en ello y nos llevamos muy bien», respondió. «Él y yo no éramos precisamente los mejores amigos, pero no me ofendió porque nunca lo conocí. No lo conocía en absoluto. Nos llevábamos muy bien. Y estamos trabajando en eso», ahondó. Trump indicó que también trabajan en «otras cosas», como las sanciones. «Me pareció estupendo, estuvo muy bien, nos llevamos bien», agregó. A la par, Petro ofreció una conferencia de prensa en Washington D.C., donde tildó como «positiva» la plática en el Despacho Oval. «Nos junta la libertad, podemos ser muy diferentes, civilizatoriamente hablando, históricamente hablando, pero lo que nos junta es la libertad», dijo.Final feliz El encuentro bilateral fue planteado tanto por Washington como por Bogotá en términos de una oportunidad para limar asperezas y recomponer los nexos bilaterales, deteriorados tras meses de señalamientos cruzados entre ambos líderes, la descertificación del país suramericano en la lucha contra el narcotráfico, el retiro de la visa estadounidense y la imposición de sanciones al mandatario colombiano, y fuertes críticas de este último a los bombardeos estadounidenses contra pequeñas embarcaciones en el mar Caribe y el océano Pacífico, tachadas sin evidencia de «narcolanchas». T/RT F/Presidencia Colombia

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