Europa entre la escasez de gas y la transición

Europa se encuentra hoy en materia del mercado mundial de gas entre la escasez y la transición energética, de acuerdo con los reportes de los operadores de este producto. El panorama del comercio global de gas natural durante el primer trimestre de 2026 está marcado por una paradoja inquietante: mientras el mundo se preparaba para entrar en un superciclo de oferta de Gas Natural Licuado (GNL) con precios a la baja, una escalada del conflicto en el Medio Oriente le impactó. Se trata de la denominada Tormenta de Marzo, un aumento del 60 por ciento en las cotizaciones que reconfigura las prioridades energéticas de Europa. De acuerdo con el más reciente informe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), se espera que 2026 sea el año de mayor crecimiento de la oferta global de GNL desde 2019, con un aumento superior al siete por ciento (más de 40 mil millones de metros cúbicos). Tal incremento liderado por Estados Unidos, Canadá y México. Sin embargo, esta abundancia proyectada chocó frontalmente con la realidad geopolítica de finales de febrero y marzo. El 14 de abril, el Banco Mundial publicó su informe Commodity Markets Outlook, donde detalla lo que los operadores ya llaman el March Shock. Los precios del gas natural en Europa, medidos a través del índice TTF holandés, se dispararon un 59,4 por ciento durante marzo, alcanzando un pico cercano a los 70 euros por MWh. El mundo se llevó una sacudida doble, explica un analista de materias primas consultado. Primero, el bloqueo de facto del Estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20 por ciento del GNL mundial, y luego los ataques a Ras Laffan en Qatar, que eliminaron el 17 por ciento de su capacidad de exportación. Esta interrupción forzó una guerra de ofertas entre Europa y Asia por los cargamentos disponibles. Según datos de Kpler citados por el Financial Times, ante la falta de suministros desde Qatar, la Unión Europea (UE) aumentó sus importaciones del proyecto ruso Yamal LNG en un 17 por ciento interanual durante el primer trimestre. De esta suerte, alcanzó los cinco millones de toneladas valoradas en casi dos mil 900 millones de euros. Este incremento de las compras a Rusia ocurre en un momento jurídicamente complejo. El 26 de enero de 2026, el Consejo de la UE dio el visto bueno definitivo a la prohibición escalonada del gas ruso. La norma establece que los contratos a corto plazo de GNL quedarán prohibidos a partir del 25 de abril de 2026, mientras que la eliminación total de las importaciones de GNL y gasoducto se completará en 2027. A pesar de la subida puntual de marzo, los datos de Eurostat reflejan que la tendencia de fondo es la caída libre de la dependencia rusa. En febrero, Rusia cayó al cuarto lugar entre los proveedores de la UE, con una participación del 12,8 por ciento en valor, muy por debajo del 16,5 de enero. Estados Unidos se consolida como el primer proveedor, con una cuota del 30,5 (mil 800 millones de euros), seguido de Noruega (17) y Argelia (13,7). La tormenta geopolítica golpea en el peor momento posible para Europa. Las reservas de gas en el continente están bajo mínimos históricos para esta época del año, situándose 15 por ciento por debajo del promedio de los últimos cinco años, debido a una temporada invernal más fría de lo habitual. T y F/Prensa Latina

La lista negra de la educación china

T/Fernando CapotondoArgentina Un video de una estudiante secundaria sometida a una paliza por cuatro compañeras a la salida del colegio se hizo viral hace días en las redes sociales chinas. El caso impactó por el nivel de violencia de las adolescentes y, además, por la negligente actitud de la escuela de la ciudad de Dali, provincia de Yunnan, que intentó ocultar lo que había ocurrido meses antes, concretamente el 11 de diciembre de 2025. Nadie sabe medir, aún hoy, qué provocó más indignación. Lo que sí parece estar más claro es que la conmoción pública desatada por el escándalo fue aprovechada en términos políticos para acelerar la entrada en vigencia del Listado Negativo para la Gestión de la Educación Básica 2026, un programa que pretende ordenar el asunto educativo, con 20 nuevas líneas rojas que las escuelas y profesores no deben cruzar ni en sueños. La lista negra, como la bautizaron los medios chinos, representa una dura normativa que viene evolucionando con los años, teniendo en cuenta que la versión actual de 20 prohibiciones constituye una ampliación de las 16 de 2025 y de las escasas 12 de 2024. Las estrictas regulaciones apuntan a un doble objetivo: aliviar la presión a los estudiantes y cortar de raíz ciertas irregularidades enquistadas en los jardines de infantes, escuelas primarias y primeros años del ciclo secundario. “Las normas trazan límites muy precisos, en un abanico que va desde la transparencia en la gestión hasta la seguridad que debe garantizarse en todo el ámbito escolar”, señalaron desde el Ministerio de Educación. Líneas rojas Las prohibiciones no se interpretan como un reglamento. Se leen como una radiografía. De lo que sobra, de lo que falta y, sobre todo, de lo que se soporta.  La primera preocupación es la sobrecarga. Durante años, estudiar en China fue una prueba de resistencia. Ahora, al menos en los papeles, eso debería cambiar. No más contenidos por fuera del currículo oficial, no más clases que se estiran, ni fines de semana convertidos en extensiones del aula.  Las tareas escolares dejan de ser castigo, una innovación en sí misma, y los recreos vuelven a ser recreos: nadie debería quedar atrapado en el aula mientras la consigna es descansar puertas afuera. Incluso materias que la obsesión por los exámenes había mandado al arcón de los recuerdos, como arte o educación física, recuperan un lugar que nunca debieron perder. La pregunta, claro, es cuánto de todo esto sobrevivirá a la cultura china del rendimiento extremo. Otras regulaciones dirigen todos sus misiles al campo de batalla del aula. O, más precisamente, a lo que pasa puertas adentro. La lista prohíbe lo que, en rigor, nunca debería haber sido permitido: violencia entre alumnos, castigos físicos, humillaciones públicas o abusos verbales. También apunta contra la discriminación, aunque no todas sus formas sean iguales de visibles. A eso se suma una contundente advertencia ética: los maestros no podrán monetizar su posición, ya sea a través de transmisiones en vivo, plataformas de pago o cualquier atajo que convierta la docencia en una bicicleta de comisiones o cuentito de emprendedores. Enseñar, parece decir la norma, no debería ser un negocio paralelo. Otra de las cuestiones difíciles de resolver es la competencia que se plantea con los ingresos de los estudiantes. Las escuelas no podrán tomar exámenes de admisión ni seleccionar alumnos en función de certificados, premios o cursos externos. En otras palabras, se intenta desarmar, al menos formalmente, una maquinaria meritocrática que hace de cada inscripción una carrera anticipada de presiones y frustraciones.  Tampoco se podrá empujar a las familias a comprar libros, dispositivos o materiales a través de canales “sugeridos”, una práctica tan extendida como discretamente lucrativa. La educación obligatoria no debería venir con costos adicionales ocultos. Como suele ocurrir con China, también existen regulaciones que resultan más difíciles de asimilar para un observador extranjero. No se trata de cuánto estudian los alumnos, sino de qué pueden pensar o, más precisamente, de qué no deberían. Queda prohibido cualquier contenido que cuestione al Partido Comunista de China (PCCh), al socialismo, a sus líderes o a la narrativa histórica oficial. No importa el formato: clases, exámenes, libros, foros o plataformas digitales. Todo entra en la misma lógica. Para Occidente, la palabra que aparece rápido es censura. En China, en cambio, se lo presenta como una forma de orden. Y, sobre todo, de una coherencia educativa explícita. Aprobado, pero… Si bien las 20 prohibiciones constituyen un reconocimiento implícito de problemas, China llega a este nuevo ciclo de reformas con un aprobado en materia educativa, según destacó el ministro del área, Huai Jinpeng, al presentar los resultados del XIV Plan Quinquenal (2021-2025).  «A nivel mundial, el sistema educativo de China es el más grande y de mayor calidad, lo que garantiza firmemente que las generaciones más jóvenes tengan acceso equitativo a la educación», declaró Huai, tras recordar que el país cuenta con 440.000 escuelas de todos los niveles, 280 millones de estudiantes y 18,7 millones de profesores. La educación básica china – informó el ministerio – alcanzó el nivel promedio de los países de altos ingresos, y 2.895 localidades a nivel distrital lograron un desarrollo equilibrado en la enseñanza obligatoria. La tasa bruta de matriculación en educación preescolar trepó al 92%, superando la meta del 90% fijada para el período, mientras que la educación superior alcanzó el 60,8%, también por encima del objetivo del 60%. En términos de inversión social, el Estado amplió los subsidios para estudiantes necesitados otorgando más de 1,2 billones de yuanes (unos 169.000 millones de dólares) a 630 millones de beneficiarios entre 2021 y 2024. Las universidades chinas, por su parte, formaron a más de 55 millones de personas en ese lapso y recibieron más del 75% de los premios nacionales en ciencias naturales e innovación tecnológica. El ministro Huai destacó especialmente los avances originales alcanzados por las casas de altos estudios en campos como las ciencias de la vida, la tecnología cuántica, la inteligencia artificial, la ciencia de los materiales y la ciencia espacial. China también

Nueva ley permite a Venezuela atraer inversiones extranjeras y transformar su subsuelo

T/José Negron Valera-Sputnik El Parlamento venezolano finalmente dio luz verde a un cuerpo normativo de 137 artículos que deroga la ley vigente desde 1999 y la Ley de Oro.El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, calificó la norma como un «vehículo para la construcción de la prosperidad», destacando su amplia consulta, así como su blindaje ambiental y social.Ante este cambio de paradigma en la industria extractiva, Sputnik consultó a dos ingenieros y docentes universitarios para desglosar el articulado, sus retos y sus alcances en un contexto de competencia global por los recursos. Un cambio de raíz Para el ingeniero de minas, José Luis de Abreu, el aspecto más relevante de la nueva ley es el cambio de modelo económico subyacente.«La ley de 1999 mantenía un esquema de monopolio estatal cerrado. La nueva, en cambio, está diseñada explícitamente para abrir la compuerta a la inversión privada nacional e internacional. Es una ley de 131 artículos que representa un giro de 180 grados: se pasa del ‘Estado dueño absoluto’ al ‘Estado socio regulador’», explica.De Abreu destaca que la norma introduce herramientas concretas para generar confianza inversionista. «Se habla de plazos de concesión extendidos, un esquema tributario simplificado con regalías de hasta el 13% y, crucialmente, la creación de la Superintendencia Nacional de Actividad Minera. Este ente exclusivo permite regular y monitorear el sector sin la burocracia cruzada que ahogaba los proyectos», señala.«Además, la ley crea el Banco de datos geocientíficos minero, que es la carta de presentación del país ante el mundo: tener información geológica certificada y asegurada por el Estado es el primer paso para que cualquier fondo de inversión se siente a negociar», ahonda. En cuanto a los dos grandes problemas del sector, la informalidad y el daño ambiental, el docente titular de la Universidad Central de Venezuela es preciso.«La ley no improvisa. Ataca la minería ilegal con penas de prisión de seis a 10 años y crea el ‘Resguardo nacional minero’, un aparato de seguridad especial para imponer el orden en zonas dominadas por grupos irregulares. Es una apuesta por la vía punitiva y la militarización para recuperar la soberanía territorial», pondera.Al abordar la pugna geopolítica entre Estados Unidos y China por los minerales latinoamericanos, De Abreu señala la paradoja venezolana.«EEUU ha dicho que buscará limitar el acceso de China a nuestros recursos mediante diplomacia, coerción económica y financiación selectiva. Pero, en el caso de Venezuela, la infraestructura minera está en ruinas. La única mina de níquel regulada lleva más de una década cerrada, y los proyectos de cobre o plata están en etapas muy tempranas o paralizados. Atraer la inversión para reactivar esto llevaría años, si no décadas. Es poco realista pensar en una exclusión total de China a corto plazo. Lo que veremos es una ‘competencia acentuada’», subraya. La vista en la pequeña minería Por su parte, el ingeniero Luis Prieto enfatiza el carácter orgánico de la ley y su enfoque en la formalización de la pequeña minería.«Esta ley no solo habla de grandes transnacionales. Introduce la figura de las brigadas mineras, una figura jurídica para legalizar la actividad artesanal que ha estado dominada por la irregularidad y la violencia en el sur del país. Poblaciones donde el oro se compraba al menudeo sin control, ahora deberán canalizar su producción a través de estas brigadas registradas. Es una forma de sacar del oscurantismo a los pequeños mineros y convertirlos en sujetos de derecho y deber», detalla.. En el frente ambiental y social, el experto rescata la creación del Fondo Nacional Minero. «No es solo un discurso de sostenibilidad. La ley asigna hasta el 1% de la producción bruta a proyectos sociales y económicos en las áreas de influencia minera. Eso permite resarcir el impacto y atacar la pobreza extrema en zonas mineras, donde la actividad ilegal dejó miseria. También se exige una remediación progresiva y reforestación de áreas afectadas. Eso es parte de lo que debe impulsar la Superintendencia: no solo sacar mineral, sino recuperar el territorio». Sobre la competencia entre Washington y Pekín, Prieto adopta un enfoque pragmático. «EEUU puede usar su relación actual con el Gobierno venezolano para intentar desplazar a los chinos mediante alianzas y modelos de negocio favorables. Pero la ley es clara: el Estado se reserva la disposición de con quién negocia. Si [Washington] entiende que Caracas necesita inversiones urgentes, puede venir. Pero el país no puede esperar a las decisiones de la Casa Blanca». El gran reto no es solo quién invierte, sino imponer el orden interno, opina Prieto. Implementar el registro único minero y las penas de prisión contra la ilegalidad será el verdadero termómetro del éxito.«Los retos son enormes: controlar la migración desordenada de mineros extranjeros, desarticular las bandas armadas que operan en la selva y, sobre todo, lograr que las alcaldías y gobernaciones se coordinen con la Superintendencia. Sin articulación institucional, la ley se queda en el papel», concluye el especialista.

Artemis II y el lado oculto de China en la Luna

T/Fernando Capotondo-Argentina El mundo volvió a mirar al cielo, pero no todos vieron lo mismo. La NASA lanzó esta semana la misión Artemis II, el primer vuelo tripulado alrededor de la Luna en más de 50 años. Las imágenes del histórico despegue recorrieron el planeta en segundos y dominaron la agenda global, con elogios a la agencia estadounidense que, vale decirlo, fueron tan justos como inevitables. Lo que resultó una sobreactuación fueron las declaraciones de algunos funcionarios de la administración Trump que, fieles a la grandilocuencia del presidente, presentaron a la NASA como la única agencia que alcanzó avances significativos en las últimas décadas. Como si medio siglo de historia espacial pudiera atribuirse a un solo país. No sería la primera vez que la política simplifica —o acomoda— lo que la ciencia y la tecnología tardan décadas en construir. Desde Beijing, en cambio, administraron otro tono. Reconocieron el liderazgo estadounidense, pero deslizaron un dato menos visible: China acaba de completar su decimonovena misión espacial de 2026 sin que buena parte de Occidente se entere. Ocurre que el espacio queda lejos según la agenda desde la que se mira. Calendario chino Veinticuatro horas antes del despegue de Artemis II, China lanzó el cohete Lijian-2 Yi, de 53 metros de altura y capacidad de carga de ocho toneladas. El evento fue presentado como un paso clave en el desarrollo de sistemas de transporte espacial de nueva generación. Días antes, en el desierto de Gobi, un Larga Marcha 2C había puesto en órbita el satélite experimental Shiyan 33, en lo que fue el vuelo número 635 de una familia de cohetes que sigue siendo la columna vertebral del programa chino. Ocurrió sin cámaras globales ni relato épico. El calendario no se detuvo. Tampoco esperó a nadie. Beijing confirmó para abril el lanzamiento del explorador SMILE, en cooperación con Europa, mientras la Agencia de Vuelos Espaciales Tripulados de China anticipó dos nuevas misiones a la estación Tiangong durante el año, además de la participación inédita de astronautas de Hong Kong, Macao y Pakistán, según informes de la agencia Xinhua. Pero el programa chino no se limitó al hardware. Detrás de los lanzamientos hubo desarrollos más estructurales. El cohete Larga Marcha-10 ya realizó pruebas de vuelo de baja altura, la nave Mengzhou será probada en órbita lunar sin tripulación y el módulo de alunizaje Lanyue debutará hacia el final de la década. En ese esquema, 2030 también aparece como la fecha señalada para que China concrete su primer alunizaje tripulado. El objetivo no es nuevo. La estrategia es mostrar los avances, pero sin quedar atrapada en la lógica de una carrera abierta que China no pretende correr. Los especialistas introducen matices. Richard de Grijs, desde la Universidad Macquarie, lo resumió con una fórmula que parece obvia pero no lo es: China armó un programa espacial que no necesita pedir permiso cada cuatro años. Tiene financiamiento estable, lo planifican a diez años y, sobre todo, carece de sobresaltos electorales. Del otro lado, Jonathan McDowell, del Centro Harvard-Smithsonian, puso el foco en lo que aún separa a ambos programas. “Las naves estadounidenses mantienen ventajas tecnológicas que China aún no puede igualar”, admite. Pero agrega un dato que matiza cualquier ventaja: el acceso efectivo a la superficie lunar —sobre todo en el polo sur, donde se presume la existencia de hielo— sigue siendo un dolor de cabeza logístico para cualquiera. Incluso para el dueño de los cohetes más grandes. Autosuficiencia Allí, precisamente, China proyecta uno de sus movimientos más ambiciosos. Junto a Rusia, planea desarrollar hacia 2035 la Estación Internacional de Investigación Lunar, una base científica que se construiría con materiales obtenidos en la propia Luna.La idea no es teórica. La fabricación de ladrillos mediante impresión 3D con regolito lunar ya fue ensayada en la Tierra y en la estación Tiangong. La misión Chang’e-8 debería probar esa tecnología en condiciones reales hacia 2028. Si funciona, resolvería uno de los principales obstáculos de la exploración: cómo construir sin depender del envío constante de materiales desde la Tierra. En paralelo, avanza una línea menos visible pero igual de estratégica. Desde fines de los ´80, China envía semillas al espacio para estudiar su comportamiento bajo radiación y microgravedad. Arroz, trigo, algodón, tomates. Nada demasiado futurista. Hasta que deja la Tierra. Algunas de esas variedades mostraron cambios en su composición, como mayor contenido de azúcares y densidad energética, según investigadores de la Academia China de Ciencias. No son resultados de aplicación inmediata, pero forman parte de una lógica de acumulación. El mismo razonamiento atraviesa los ensayos de agricultura espacial. No se trata solo de mejorar cultivos terrestres, sino de anticipar escenarios en los que la producción de alimentos deba resolverse fuera del planeta. La hipótesis sigue lejos de materializarse, pero ya es parte de la planificación china. El empujón Wolf Esa combinación entre lo visible y lo que permanece en segundo plano recorre todo el programa espacial chino. Lanzamientos, misiones y objetivos con fecha conviven con sistemas de soporte vital, semillas y experimentos de autosuficiencia como el Palacio Lunar 1. En ese contexto, la dimensión política es inevitable. La Enmienda Wolf, aprobada en 2011 por el Congreso de EE.UU., prohibió la cooperación bilateral con China en materia espacial y la dejó fuera de la Estación Espacial Internacional (ISS). La exclusión no frenó el programa. Lo redireccionó. Y lo endureció. Dos décadas después, Beijing no solo cuenta con su propia estación en órbita, sino que invita a otros países a participar.Es, además de un desarrollo tecnológico, una respuesta estratégica. La ISS se acerca al final de su vida útil, previsto hacia 2030. Si no hay cambios, la Tiangong podría quedar como una de las pocas plataformas habitadas en órbita. Y la única bajo control no occidental. Para entonces, China espera haber dado otro paso decisivo: llevar a sus propios astronautas a la superficie lunar. El contraste entre Artemis II y los últimos avances chinos no invalida la magnitud de ambos programas. Son planes diferentes, con ritmos y objetivos propios. Beijing ha demostrado

El derribo del caza es un recordatorio para EEUU de lo que Irán es capaz de hacer

Donald Trump se atribuirá inevitablemente el rescate del segundo tripulante del caza F-15 derribado como un triunfo propagandístico, aunque este episodio de 48 horas nos recuerda que un Irán invicto es capaz de contraatacar e infligir pérdidas a Estados Unidos. También debería servir de advertencia a una Casa Blanca que aún se plantea si lanzar una operación terrestre en Irán para hacerse con una isla del golfo Pérsico —especialmente si existe una ambición seria de extraer el uranio altamente enriquecido de Irán de las profundidades del subsuelo—. El bombardeo estadounidense-israelí de Irán ha estado tan sesgado a favor de los atacantes que un solo derribo, a las cinco semanas de la guerra, se convirtió inmediatamente en un problema significativo para los estadounidenses porque es algo muy poco habitual —y memorable—. La última vez que un avión de combate estadounidense fue derribado por fuerzas hostiles fue en 2003, durante la guerra de Irak. Aunque no está del todo claro cómo se derribó el F-15E, el hecho de que así fuera nos recuerda que la superioridad aérea lograda por las fuerzas aéreas estadounidenses e israelíes no es del todo absoluta, incluso mientras bombardean Irán entre 300 y 500 veces al día.Una operación costosa Un F-15E Strike Eagle tiene un coste de 31 millones de dólares (aunque un nuevo sustituto podría costar 100 millones), pero fue el rescate, mucho más arriesgado que cualquier misión en la que estuviera el avión de combate estadounidense, donde claramente comenzaron las dificultades. La decisión de utilizar una pista de aterrizaje iraní abandonada al sur de Isfahán como base de operaciones avanzada salió mal cuando dos transportes C-130 Hércules, probablemente variantes modificadas para búsqueda y rescate, se quedaron atascados en el terreno. Fueron destruidos por los EEUU para evitar que cayeran en manos de los iraníes, según indican fuentes estadounidenses, y hubo que enviar más aviones de transporte para completar la evacuación del segundo miembro de la tripulación herido. Cada uno de los Hércules modificados tiene un precio de catálogo de casi 115 millones de dólares. La pérdida forzosa de los aviones de transporte C-130 de rescate es un recordatorio de los mayores riesgos inherentes a cualquier operación terrestre estadounidense en Irán. Un helicóptero HH-60 Pave Hawk que participó en el rescate también resultó dañado por disparos el viernes, por lo que es fácil concluir que el coste en fuselajes perdidos y dañados supera los 250 millones de dólares, en gran parte debido al rescate del segundo miembro de la tripulación.Victoria propagandística En términos militares, un episodio aislado como este no tiene gran importancia para Estados Unidos. La pérdida de aviones, ya sea por derribo o por accidente, forma parte de la guerra. Según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, Estados Unidos contaba con 218 F-15E Strike Eagle y 55 C-130 en su comando de fuerzas especiales antes de atacar Irán. Una operación de búsqueda y rescate a gran escala por parte de EEUU era políticamente necesaria para evitar que Irán capturara a cualquiera de los miembros de la tripulación. La captura de uno o de ambos habría sido un gran golpe de efecto de Teherán, reavivando los recuerdos de la crisis de los rehenes de la embajada estadounidense de 1979-80, que causó tanto daño al entonces presidente, Jimmy Carter. Trump subrayó este punto al destacar en una publicación en redes sociales, en mayúsculas, que EEUU nunca abandonará a un combatiente estadounidense. Se trata de un compromiso atractivo, pero que implica incurrir en mayores costes y riesgos cada vez que se ponga en práctica. En esta ocasión, las fuerzas iraníes no lograron localizar a ninguno de los tripulantes del F-15E. No pudieron impedir el uso por parte de EEUU de la base aérea abandonada al sur de Isfahán, aunque esto podría deberse a los drones Reaper que sobrevolaban la zona, los cuales, según informaciones estadounidenses, estaban allí para eliminar a cualquier hombre iraní que se acercara a menos de tres kilómetros. Pero la pérdida forzosa de los aviones de transporte C-130 de rescate es un recordatorio de los mayores riesgos inherentes a cualquier operación terrestre estadounidense en Irán. ¿Sería realmente factible que las fuerzas especiales estadounidenses se hicieran con los 440 kilos de uranio altamente enriquecido que se cree que están ocultos bajo tierra en contenedores en Isfahán y los sacaran volando sin incidentes graves? No hay duda de que Irán —bombardeado más de 15.000 veces hasta la fecha— está siendo azotado por los implacables ataques aéreos estadounidenses e israelíes. Pero Teherán aún puede convertir pérdidas relativamente pequeñas de Estados Unidos o Israel en una victoria propagandística, sea cual sea el estado de sus tropas o de sus defensas aéreas, precisamente porque han sido poco frecuentes. En un conflicto asimétrico, la parte más débil solo tiene que tener suerte una vez. T/Dan Sabbagh-Jerusalén

La rehabilitación que necesita China

El 15 de enero de 2026, en la provincia de Fujian, pasó algo que, visto desde afuera, parecía menor. Y sin embargo, decía más de lo que sugería. En la Escuela Changlong, en el condado de Lianjiang, un edificio escolar fue rebautizado con un firme trazo de caligrafía. “阮经在学楼” (Edificio de Enseñanza Ruan Jingzai) quedó escrito en el frente, junto a la firma del Nobel de Literatura Mo Yan. No fue un acto protocolar cualquiera. En China, la caligrafía pesa. Y se nota. El autor de Sorgo rojo eligió dejar su trazo en una escuela rural, en una zona montañosa y de fuerte tradición migrante. “Espero que esta iniciativa pueda iluminar el camino de lectura de los niños de las zonas rurales”, dejó dicho. El gesto ocurrió quince días antes de la entrada en vigencia del Reglamento para la Promoción de la Lectura a Nivel Nacional. Un detalle. Mientras el mundo —con China corriendo en punta— se obsesiona con la Inteligencia Artificial y con chips que envejecen más rápido que las ideas que prometen acelerar, el país asiático abre, al mismo tiempo, una discusión bastante más incómoda sobre cómo volver a leer. El nuevo reglamento, vigente desde el 1 de febrero, reúne 45 artículos que establecen obligaciones para gobiernos locales, escuelas, empresas y hasta aeropuertos. Pero detrás de las 3.248 bibliotecas públicas, los 44.000 centros culturales y los más de 40.000 nuevos espacios de lectura desplegados en los últimos años, hay otra cosa. Una preocupación que rara vez se dice en voz alta, pero que los números ya no logran disimular: China está empezando a perder la capacidad de comprender lo que lee. La paradoja está ahí, incómoda. China tiene 670 millones de usuarios de lectura digital, un mercado que en 2024 movió más de 66.000 millones de yuanes (unos 9.500 millones de dólares) y creció más del 16% interanual. Nunca hubo tanto acceso. Nunca fue tan fácil leer. Y sin embargo, algo empieza a desacomodarse. La 22ª Encuesta Nacional de Lectura, difundida en abril de 2025, muestra que el adulto promedio dedica más de tres horas diarias a leer en pantallas —108 minutos solo en el teléfono— y apenas 24 minutos a los libros en papel. Al mismo tiempo, el país publica cientos de miles de títulos por año y alcanza un volumen estimado de 15.500 libros leídos por minuto. Pero leer no es lo mismo que entender. Y China empezó a advertirlo. O, al menos, a sospecharlo en gestos mínimos que empiezan a repetirse en los sondeos a lectores, como la mirada que salta de una línea antes de terminarla o la página que es abandonada en la mitad sin ninguna culpa. Como cuando uno llega al final de un párrafo y no recuerda qué decía. Los datos, como siempre, ayudan y engañan. La tasa de lectura integral entre adultos alcanzó el 82,1% en 2024. El promedio de libros leídos llegó a 8,31 por persona. Los menores de 17 años leen más que los adultos y la tendencia crece desde hace una década. Todo parece ir bien. Hasta que alguien se detiene a revisar los números. Porque el tiempo dedicado al papel cayó hasta representar apenas el 11% del total. Y eso cambia todo. No es lo mismo leer fragmentos que sostener una idea. No es lo mismo pasar pantallas en segundos que atravesar páginas durante horas. Xu Shengguo, director del Instituto de Investigación de la Academia China de Prensa y Publicaciones, lo resume sin vueltas: «La digitalización ha hecho que la lectura sea más accesible, pero también ha traído consigo una avalancha de contenido fragmentado. El desplazamiento rápido y el consumo fraccionado compiten cada vez más por la atención de las personas. Si bien amplían el alcance del conocimiento, no pueden reemplazar fácilmente la profundidad de pensamiento cultivada mediante la lectura sostenida». El desafío ya no es llegar a los libros. Es quedarse. El reglamento intenta responder a esa tensión sin negar la realidad. Por un lado, integra la lectura digital y exige mejorar la calidad de los contenidos. Por el otro, obliga a recuperar espacios físicos: bibliotecas en aeropuertos, estaciones, centros comerciales, y nuevos desarrollos urbanos con áreas dedicadas a la lectura. Como si la cuestión fuera, también, arquitectónica. Hay capítulos específicos para zonas rurales, regiones étnicas y áreas menos desarrolladas, donde la brecha de lectura supera los 18 puntos respecto a las ciudades. Y una novedad: desde 2026 habrá una Semana Nacional de la Lectura, previstas para los últimos días de abril. Siete jornadas para hacer lo que antes era cotidiano y que ahora parece necesitar calendario. Pero el punto más sensible está en los adolescentes. El artículo 32 obliga a las escuelas a reforzar la lectura en los planes de estudio, porque ya no se puede dar por hecho que los alumnos sepan leer en serio.Zhang Peng, profesor de la Universidad Normal de Nanjing, lo explica mejor: el cerebro se acostumbró a la recompensa inmediata. Scroll, estímulo, dopamina. La lectura larga, en cambio, exige otra cosa. Tiempo. Paciencia. Resistencia. Justo lo que escasea. La ironía es evidente. Mientras Occidente mira a Beijing con desconfianza por sus avances tecnológicos, el gobierno chino parece dispuesto a librar una batalla bastante más básica, la de sostener la atención frente a un buen libro. No es nostalgia. Es diagnóstico. Porque la tecnología resuelve problemas, pero también los fabrica. Y a veces lo hace más rápido de lo que una sociedad necesita para adaptarse. El punto, en el fondo, no es cuánto se lee. Es cómo. Porque leer tres horas en un celular no equivale a hacerlo en un libro tradicional. Y esa diferencia —mínima, casi invisible para un ojo apurado— es la que empieza a incomodar. En las redes sociales chinas, la expresión “reeducación lectora” ya se volvió viral. No por casualidad. Leer dejó de ser un hábito natural. Ahora es algo que hay que reaprender. Como quien vuelve a entrenar un músculo que se atrofió sin darse cuenta. Que el primer Nobel chino de literatura haya

China no se toma el té con calma

“No estoy interesado en la inmortalidad, sólo en el sabor del té”. La frase resume el espíritu del “Poema de las Siete Tazas de Té”, que el maestro Lu Tong escribió en tiempos de la dinastía Tang (618-907 d.C.), uno de los períodos más brillantes de la historia china. Recluido durante años en las montañas de Henan, el poeta descubrió que el inmenso disfrute que sentía ante una taza, casi hirviendo como se preparaba entonces, le daba una sensación de trascendencia que ninguna otra experiencia terrenal podía lograr. Más de mil años después, mientras los versos de Lu siguen definiendo el alma de la cultura china, el país decidió apostar fuerte a la reindustrialización de los extractos del té – polifenoles, catequinas, aceites esenciales y compuestos bioactivos -, como ingredientes centrales de un circuito productivo que opera lejos de aquellas tazas humeantes del pasado. Químicos de uso cotidiano, sueros antioxidantes, detergentes biodegradables, suplementos metabólicos, bebidas, cosmética y alimentos saludables, son sólo algunos de los sectores que se beneficiarán con esta expansión del uso de las materias primas y componentes del té, según las previsiones del Ministerio de Industria y Tecnología Informática, y otros 4 departamentos gubernamentales. Para los especialistas chinos, la imagen del té ya no remite a campesinos inclinados en una plantación interminable, sino a un biotecnólogo de guardapolvo en un laboratorio silencioso. Como repite el gobierno en sus documentos oficiales, la meta es fortalecer la innovación científico-tecnológica del llamado “té inteligente”, un sistema productivo que hoy utiliza sensores 5G en las áreas de cultivo, robots recolectores con visión artificial y códigos QR que permiten al consumidor saber de qué ladera salió su té y hasta qué fertilizantes utilizaron en su cultivo. “La ceremonia del té ahora conversa con la nube y nadie parece escandalizarse”, admiten desde Beijing, en esta mezcla tan china de orgullo tecnológico y melancolía cultural. El año pasado, los números acompañaron esta nueva tendencia. China fue uno de los principales proveedores de extractos de té, en un mercado global que fue valorado entre 3.000 y 4.700 millones de dólares, con una tasa de crecimiento anual entre el 7,7 y el 8,2% de acá al 2030, según estimaciones del sector relevadas por Tea Extracts Market. Estas cifras dialogan con el protagonismo que hoy tiene China a nivel internacional, como productor de casi el 45% del té mundial, con un 75% de su volumen concentrado en té verde, 20% en negro y 5% en el llamado oolong. Nada de esto ocurre por iluminación tardía de algún funcionario. Detrás de la digitalización de los cultivos y la diversificación de extractos está presente la “mano visible” de una férrea planificación estatal que conduce todos los sectores de la economía. Precisamente, en ese contexto se inscribe el reciente anuncio de las “Directrices para la Mejora y Actualización de la Industria del Té 2026-2030”, que pretende alcanzar en ese período nada menos que 1,5 billones de yuanes, el equivalente a unos 217.000 millones de dólares. El plan establece una serie de metas que tienen como punto de partida el 2025, año en que la industria del té en China alcanzó un valor de U$S 145.000 millones en toda su cadena industrial, con más de 60 millones de personas empleadas en el sector, e ingresos de las empresas de procesamiento superiores a los 17 mil millones de dólares. Como meta intermedio para 2028, la intención es desarrollar 5 sectores industriales, con ingresos anuales de casi U$S 15.000 millones cada una, y un grupo de empresas líderes con beneficios que superen los 7.000 millones de dólares. En cualquier otro país sería un programa de varias décadas. En China, apenas un lustro. Para lograr estos objetivos, el documento estructura 19 tareas clave en torno a 6 áreas estratégicas, que procurarán impulsar la creación de fábricas inteligentes con inteligencia artificial y fomentar la «segunda transformación» de productos para los consumidores más jóvenes. En el Foro Internacional de Consumo Haihe, celebrado el año pasado en Tianjin, el cofundador de Chi Forest, Wang Pu, contó una anécdota reveladora. En 2023, su firma de bebidas saludables lanzó un producto con ingredientes de medicina tradicional, que solo en los primeros meses logró vender unos 14 millones de dólares, convirtiéndose en “uno de los nuevos productos de más rápido crecimiento” del mercado, según reconoció el empresario a la agencia de noticias Xinhua. En el mismo escenario, el director general de Boston Consulting Group, Roger Hu, explicó que hasta la hidratación puede convertirse en una buena estrategia de posicionamiento: “Si partimos de la base que un consumidor bebe 8 vasos de agua al día para mantenerse alerta, relajarse, socializar y acortar distancias, no es disparatado plantear que cada uno de esos vasos puede ser ocupado por una versión distinta de té, embotellado, burbujeante, enriquecido con ingredientes funcionales o presentado como alternativa saludable a las bebidas azucaradas”. Y el mercado lo sabe. Puertas afuera, las posibilidades también parecen ilimitadas, como lo viene probando el desembarco de distintas marcas en el mercado estadounidense, con estética pop y filas de clientes que ya no distinguen entre turistas y consumidores locales, mientras la competencia observa. MIXUE Ice Cream & Tea se instaló hace meses en Hollywood, Heytea pasó de 2 a 35 tiendas en apenas un año, Molly Tea abrió 5 locales y Chagee inauguró otros 2 en el área de Los Ángeles en menos de 3 meses. Detrás de esta expansión comercial – tan silenciosa como eficaz – se despliega una narrativa distinta a la que suele circular en muchos países de occidente, donde el té chino todavía se vincula con antiguas ceremonias de vapor silencioso. Las hojas que acompañaron al poeta Lu Tong hoy se multiplican en sensores, códigos QR y franquicias estadounidenses, como si el tiempo fuera una actualización de software.Cuando la cuestión es reinventarse, China no se toma con calma ni siquiera su milenario té. Y mucho menos el negocio que lo rodea. Porque detrás de cada hoja hay algo más que antioxidantes. Hay Estado. Por/Fernando Capotondo-Argentina

Relevo en la cúpula militar de Venezuela: ¿qué desafíos tiene el nuevo ministro de Defensa?

La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, anunció una reestructuración de su gabinete ejecutivo, que incluye ocho nuevas designaciones ministeriales, incluyendo la Dirección de Contrainteligencia Militar y la Guardia de Honor Presidencial. Sin embargo, el relevo en Defensa es el movimiento de mayor calado político y militar. El ministro saliente G/J Vladimir Padrino López publicó un mensaje de respaldo institucional ante la decisión de la presidenta encargada. «Conozco desde nuestros albores en la Academia Militar del Ejército, su temple, su moral y su probada lealtad. Estoy seguro de que la FANB saldrá fortalecida», afirmó, refiriéndose a su sucesor, el general Gustavo González López. Un cambio esperado Analistas consultados por Sputnik interpretaron el gesto de Padrino López como un mensaje de unidad y continuidad en la cúpula castrense. «Entiendo que el cambio del ministro de la Defensa era totalmente previsible en el marco de la actual coyuntura nacional, si bien es cierto que el general Padrino López tenía mucho tiempo en el cargo y eso podría ser un argumento a considerar. No obstante, el factor principal sin lugar a dudas debe estar vinculado con el resultado de los diálogos diplomáticos retomados oficialmente con el Gobierno de los Estados Unidos actualmente en curso», dijo el especialista en geopolítica Oswaldo Espinoza. «Es necesario recordar que uno de los objetivos fundamentales de estos diálogos es crear las condiciones necesarias para favorecer la inversión extranjera y la reactivación del proceso productivo nacional, siendo una de las condiciones más importantes las relacionadas con la seguridad, por lo que los cambios en el estamento militar, de inteligencia y policiales resultan totalmente lógicos», añadió. El hombre que asume el mando El nuevo ministro de Defensa es un conocedor de las dinámicas institucionales del Estado venezolano. Gustavo González López, de 65 años, graduado en la Academia Militar en 1982, ha construido una carrera vinculada a los cuerpos de seguridad e inteligencia del Estado. Hasta su nombramiento, se desempeñaba como comandante general de la Guardia de Honor Presidencial y jefe de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), cargos que asumió el pasado 6 de enero, apenas tres días después del operativo militar estadounidense que resultó en el secuestro de Nicolás Maduro. Su trayectoria incluye dos períodos al frente del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), entre 2014 y 2018 y nuevamente entre 2019 y 2024, así como el cargo de ministro de Interior y Justicia entre 2015 y 2016. Quienes lo conocen lo describen como una figura reservada, de escasa exposición mediática, pero de enorme peso en la seguridad y defensa de la nación suramericana. «El nuevo ministro viene de desempeñarse en labores de inteligencia y guardia de honor presidencial; ha estado relacionado muy de cerca con el aparato de defensa del gobierno, lo cual trasmite un mensaje de estabilidad política e institucional en el país», señaló Espinoza. Para el experto en seguridad y defensa de la Nación, Roberto González Cárdenas, quien fuese profesor en la Academia Militar de González López, el nuevo ministro de Defensa debe ser definido como «un excelente profesional». En cuanto a la naturaleza del cambio, González Cárdenas lo encuadró dentro de la dinámica natural del órgano castrense. «Es normal y parte de su naturaleza, el que dentro de una institución militar se vayan renovando las plazas», aseveró. Los desafíos de la cartera de Defensa Preguntados sobre los retos que enfrenta el Ministerio de Defensa en el actual escenario, ambos analistas coincidieron en la complejidad del momento y en la necesidad de una hoja de ruta clara. Espinoza identificó como prioridad inmediata la transmisión de un mensaje de estabilidad y unidad, tanto hacia dentro de la institución castrense como hacia la sociedad venezolana y la comunidad internacional. «El Ministerio de Defensa tiene enfrente importantes desafíos en este momento histórico para la nación. En primer lugar, es necesario transmitir el mensaje de paz y estabilidad nacional, así como de unidad en las Fuerzas Armadas; más allá de eso, e incluso más importante, resulta demostrar que el país está en el ejercicio pleno de su soberanía y que las Fuerzas Armadas cumplen a cabalidad su función de guardia y defensa de la soberanía nacional que reside en el pueblo», subrayó. «Otro desafío particularmente importante tiene que ver con la preservación de los logros en materia de disciplina, táctica, estrategia y equipamiento militar en las últimas décadas, mantener la doctrina cívico-militar, guerra asimétrica y de negación de acceso de área», apunta. Según Espinoza, una advertencia vital consiste en evitar un proceso de desarme de las capacidades defensivas actuales, y por eso «es necesario aprender las lecciones históricas de procesos como el de Libia».Por su parte, Roberto González Cárdenas consideró la necesidad de una visión más estructurada y técnica sobre los desafíos que aguardan al nuevo ministro. «Habría que enfocarse desde varios puntos de vista, desde varias aristas. Planificar para el corto, mediano y largo plazo, considerando las Fuerzas Armadas desde un punto de vista integral que profundice los aspectos educativos, de logística, la gestión del personal, así como la profundización de la inteligencia y las operaciones. En este sentido, el ministro de Defensa, aunque aborda los aspectos administrativos de la institución, debe hacerlo con la mirada siempre orientada a una dimensión militar-operacional. Es ese el reto», concluyó. T/José Negrón Valera F/Archivo-Prensa Presidencial

Cómo Ucrania y Europa pasaron del amor a la pelea

Después de años de unidad, en la relación entre Ucrania y Europa empieza a ampliarse una brecha. En las últimas semanas han aflorado reproches mutuos, acusaciones de chantaje y episodios diplomáticos incómodos, y con ello la frustración, dado que la dependencia estratégica es demasiado grande como para permitirse un adiós definitivo y una ruptura sin retorno. «En la geopolítica, así como en el matrimonio, las discusiones más acaloradas a menudo ocurren entre parejas que saben que simplemente no pueden irse», indica The Economist, en referencia a la peculiar relación entre Kiev y el bloque comunitario. Precisamente por eso, como tiende a ocurrir en las relaciones inevitables, los enfrentamientos suelen ser más sonoros. Lea también: De esto hablaron Putin y Lukashenko este fin de semana El factor Trump: un socio imprevisible que descoloca a todos El telón de fondo de esta tensión es el giro de la política estadounidense bajo la presidencia de Donald Trump. Tanto Kiev como las capitales europeas afirman buscar el fin del conflicto armado con Rusia, pero discrepan ante la forma en que Washington busca conducir el proceso. En Europa y Ucrania existe coincidencia en una idea: si Estados Unidos quiere impulsar una solución, la vía más eficaz sería presionar a Rusia para negociar. El problema, desde la óptica de Kiev y de muchos gobiernos europeos, es la percepción de que Trump se muestra demasiado complaciente con Vladímir Putin, al tiempo que abre nuevos frentes internacionales que distraen la atención del conflicto ucraniano y alteran los equilibrios energéticos y de seguridad. Ese clima se reflejó ya en enero, durante el Foro de Davos, cuando el líder del régimen de Kiev lanzó críticas públicas a Europa, a la que describió como «fragmentado caleidoscopio de pequeñas y medianas potencias» que debaten el futuro, pero evitan actuar en el presente. En varias capitales europeas, la frase fue recibida como una deslealtad: la UE insiste en que ha sostenido el esfuerzo financiero y político durante el conflicto de Ucrania con Rusia, incluso cuando Washington endureció el trato hacia Zelenski. Energía y sanciones: el petróleo ruso como detonante político Uno de los puntos más sensibles sigue siendo el tema del petróleo. Aunque la Unión Europea empezó a boicotear los suministros energéticos de Rusia desde el 2022, algunos flujos continúan existiendo mediante excepciones y mecanismos transitorios. Para Kiev, cualquier compra europea de crudo ruso se traduce en ingresos para el Kremlin y, por lo tanto, en una contradicción moral y estratégica. En los últimos meses, la tensión estalló por el oleoducto Druzhba. A finales de agosto y principios de septiembre del año pasado, el régimen de Kiev perpetró varios ataques con drones y misiles contra el oleoducto en territorio ruso, lo que provocó la suspensión del suministro de petróleo a Hungría y Eslovaquia. Kiev atribuyó la suspensión del funcionamiento del oleoducto a los daños causados por supuestos ataques rusos, mientras que Hungría y Eslovaquia acusaron a las autoridades de Ucrania de chantaje político en represalia por su postura independiente sobre el conflicto ruso-ucraniano. En medio de la escalada, Budapest y Bratislava suspendieron los suministros de diésel a Ucrania. Hungría bloqueó además un préstamo de 90.000 millones de euros acordado en la UE para el régimen de Kiev. En Bruselas terminaron respaldando —a regañadientes— la exigencia de Budapest de vincular el paquete financiero a la cooperación ucraniana con la reparación del oleoducto. Kiev interpretó esa condición como una forma de presión inadmisible. El propio Zelenski habló de «chantaje» y llegó a deslizar que podría facilitar la dirección del primer ministro húngaro Viktor Orbán a las Fuerzas Armadas ucranianas, comentario que motivó una reprimenda pública de la Comisión Europea. La adhesión a la UE: entusiasmo en Kiev, cautela en Bruselas Más allá del choque coyuntural por el petróleo, subyace una divergencia mayor: la entrada de Ucrania en la Unión Europea. La UE abrió conversaciones de adhesión con Ucrania en el 2023, sabiendo que el proceso suele durar años, incluso para países estables y con economías consolidadas. Sin embargo, en propuestas de paz impulsadas desde EE.UU. a finales del año pasado apareció una idea explosiva: acelerar la adhesión ucraniana e incluso plantear una incorporación temprana, tan pronto como enero del 2027. Para Zelenski, un ingreso rápido sería un triunfo político interno y un argumento decisivo para defender cualquier acuerdo de alto el fuego que implique concesiones dolorosas —incluidas las pérdidas territoriales— ante la opinión pública ucraniana. Para varios socios europeos, en cambio, el ‘atajo’ despierta inquietud: temen sentar un precedente, alterar equilibrios presupuestarios y agrícolas y verse empujados a una decisión histórica por presiones externas. Las alternativas de una especie de adhesión parcial o fórmulas intermedias han circulado en Bruselas, pero por ahora no han logrado consenso, indica The Economist. Mientras muchos dirigentes europeos siguen valorando la determinación de Zelenski, también crece el cansancio ante sus pullas públicas y los gestos que, consideran, complican la unidad europea en un momento en que el apoyo interno en algunos países se vuelve más frágil. T/Actualidad RTF/RT

¿Por qué la isla de Kharg es importante en la guerra contra Irán y qué está en juego?

La isla de Kharg, una árida franja de tierra en el norte del Golfo, a unos 30 kilómetros de la costa iraní en la provincia de Bushehr, es mucho más importante de lo que su tamaño podría revelar. Con sus 20 kilómetros cuadrados, funciona como la principal terminal de exportación de petróleo de Irán, además de gestionar casi la totalidad de las operaciones para enviar el crudo fuera del país. La isla recoleta el petróleo que llega a través del oleoducto desde los mayores campos productores del país, incluidos Ahvaz, Marun y Gachsaran. La capacidad de almacenamiento en Kharg se estima en aproximadamente 30 millones de barriles y, según la empresa tecnológica de datos Kpler, actualmente en la isla se guardan alrededor de 18 millones de barriles de crudo, equivalente a unos 10-12 días de exportaciones en condiciones normales. Siendo el tercer mayor productor de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, Irán proporciona aproximadamente el 4,5% del suministro mundial de este hidrocarburo, con una producción de alrededor de 3,3 millones de barriles diarios, además de 1,3 millones de barriles por día de condensados y otros líquidos. Y días antes de que Estados Unidos e Israel atacaran Irán el pasado 28 de febrero, este último ya había incrementado sus exportaciones desde Kharg a niveles casi récord, cargando más de 3 millones de barriles diarios entre el 15 y el 20 de febrero, casi el triple de su ritmo normal de exportación que oscila entre 1,3 y 1,6 millones de barriles cada día, según JP Morgan. Durante la primera semana de la guerra, Kharg pareció estar al margen de los bombardeos. Había dudas y reservas sobre las consecuencias de lanzar una ofensiva directa contra la isla. Hasta el final de la semana pasada, cuando Washington atacó el pequeño territorio. ¿Presión por el estrecho de Ormuz? El presidente de EE.UU., Donald Trump, declaró el viernes que las fuerzas de Washington habían destruido todos los objetivos militares en Kharg, y amenazó además con atacar la infraestructura petrolera de la isla si Irán mantenía su bloqueo en el estrecho de Ormuz. Horas después, un funcionario provincial iraní confirmó que las exportaciones de petróleo en Kharg continuaban con normalidad a pesar del ataque estadounidense. Ehsan Jahanian, vicegobernador de la provincia de Bushehr, declaró: “Las actividades de las compañías petroleras en esta terminal de exportación continúan con normalidad a pesar del ataque sionista-estadounidense”. Y añadió que esa ofensiva no produjo víctimas entre el personal militar ni los residentes de la isla. Y ya este lunes, la Guardia Revolucionaria de Irán advirtió con dureza que cualquier ataque a la infraestructura petrolera de Kharg tendría un impacto significativo en los mercados energéticos mundiales. Alireza Tangsiri, comandante de la Armada, afirmó a través de una publicación en red social X que atacar dichas instalaciones alteraría la dinámica de los precios mundiales del petróleo. «Ya pusieron a prueba a Irán una vez con el estrecho de Ormuz. Si el control estratégico del estrecho estableció un nuevo índice para los precios del petróleo, un ataque a Kharg creará otra ecuación peligrosa y sin precedentes para las tarifas y la distribución energética mundial». Las decisiones de anteriores presidentes de EEUU Durante la crisis de los rehenes en Irán en 1979, el entonces presidente de EE.UU., Jimmy Carter, impuso sanciones a Irán, pero se abstuvo de ordenar ataques contra la isla. Su sucesor, Ronald Reagan, durante la guerra de los petroleros Irán-Iraq en la década de 1980, priorizó la protección del transporte marítimo y los ataques contra buques y baterías de misiles iraníes, dejando a Kharg intacta. Kharg experimentó importantes transformaciones durante la expansión petrolera de Irán en las décadas de 1960 y 1970, ya que gran parte de la costa del país era demasiado poco profunda para los superpetroleros. Irán ha buscado diversificar sus capacidades de exportación con la apertura de la terminal de Jask fuera del estrecho de Ormuz, en el golfo de Omán, en 2021, pero Kharg sigue siendo una «vulnerabilidad crítica» para Irán, según JP Morgan. «Es una piedra angular de la economía iraní y una importante fuente de ingresos para la Guardia Revolucionaria Iraní», añadió JP Morgan.Riesgo de concentración La importancia estratégica de la isla deriva del riesgo de concentración. La mayor parte de la infraestructura de exportación de Irán está centralizada allí. En Kharg se maneja aproximadamente el 90% de las exportaciones de crudo de Irán, según una nota de JP Morgan publicada el domingo. Los tanques de almacenamiento de la isla pueden albergar decenas de millones de barriles de crudo antes de ser cargados en los petroleros. Dado que las exportaciones de petróleo son una fuente fundamental de los ingresos de Irán, Kharg es esencialmente el salvavidas económico del gobierno. Las exportaciones de petróleo de Irán se paralizarían y la producción se reduciría a la mitad si EE.UU. e Israel buscaran apoderarse del puerto en la isla de Kharg, lo que desencadenaría nuevos ataques de Teherán contra la infraestructura petrolera regional, según JP Morgan. ¿Qué dicen los analistas? Si bien EE.UU. e Israel se abstuvieron de impactar la infraestructura petrolera de Kharg durante los ataques, el medio Axios publicó el fin de semana reporte que cita a funcionarios del Gobierno de Trump que afirmaron que la captura de la isla era una posibilidad sobre la mesa a medida que persiste la guerra en Oriente Medio. “Un ataque directo detendría de inmediato la mayor parte de las exportaciones de crudo de Irán, lo que probablemente desencadenaría una represalia severa en el estrecho de Ormuz o contra la infraestructura energética regional”, advierte JP Morgan. Asimismo, analistas consultados por el diario The Guardian advirtieron que atacar la terminal arriesgaría desencadenar una conmoción global en el mercado del petróleo. «Podríamos ver el precio de 120 dólares por barril que vimos el lunes llegar a 150 si se atacara Kharg», señaló Neil Quilliam, del centro de pensamiento Chatham House, citado por The Guardian. “Es demasiado vital para los mercados energéticos mundiales”. También advirtieron que un ataque podría provocar represalias más

Scroll hacia arriba