Artemis II y el lado oculto de China en la Luna

T/Fernando Capotondo-Argentina El mundo volvió a mirar al cielo, pero no todos vieron lo mismo. La NASA lanzó esta semana la misión Artemis II, el primer vuelo tripulado alrededor de la Luna en más de 50 años. Las imágenes del histórico despegue recorrieron el planeta en segundos y dominaron la agenda global, con elogios a la agencia estadounidense que, vale decirlo, fueron tan justos como inevitables. Lo que resultó una sobreactuación fueron las declaraciones de algunos funcionarios de la administración Trump que, fieles a la grandilocuencia del presidente, presentaron a la NASA como la única agencia que alcanzó avances significativos en las últimas décadas. Como si medio siglo de historia espacial pudiera atribuirse a un solo país. No sería la primera vez que la política simplifica —o acomoda— lo que la ciencia y la tecnología tardan décadas en construir. Desde Beijing, en cambio, administraron otro tono. Reconocieron el liderazgo estadounidense, pero deslizaron un dato menos visible: China acaba de completar su decimonovena misión espacial de 2026 sin que buena parte de Occidente se entere. Ocurre que el espacio queda lejos según la agenda desde la que se mira. Calendario chino Veinticuatro horas antes del despegue de Artemis II, China lanzó el cohete Lijian-2 Yi, de 53 metros de altura y capacidad de carga de ocho toneladas. El evento fue presentado como un paso clave en el desarrollo de sistemas de transporte espacial de nueva generación. Días antes, en el desierto de Gobi, un Larga Marcha 2C había puesto en órbita el satélite experimental Shiyan 33, en lo que fue el vuelo número 635 de una familia de cohetes que sigue siendo la columna vertebral del programa chino. Ocurrió sin cámaras globales ni relato épico. El calendario no se detuvo. Tampoco esperó a nadie. Beijing confirmó para abril el lanzamiento del explorador SMILE, en cooperación con Europa, mientras la Agencia de Vuelos Espaciales Tripulados de China anticipó dos nuevas misiones a la estación Tiangong durante el año, además de la participación inédita de astronautas de Hong Kong, Macao y Pakistán, según informes de la agencia Xinhua. Pero el programa chino no se limitó al hardware. Detrás de los lanzamientos hubo desarrollos más estructurales. El cohete Larga Marcha-10 ya realizó pruebas de vuelo de baja altura, la nave Mengzhou será probada en órbita lunar sin tripulación y el módulo de alunizaje Lanyue debutará hacia el final de la década. En ese esquema, 2030 también aparece como la fecha señalada para que China concrete su primer alunizaje tripulado. El objetivo no es nuevo. La estrategia es mostrar los avances, pero sin quedar atrapada en la lógica de una carrera abierta que China no pretende correr. Los especialistas introducen matices. Richard de Grijs, desde la Universidad Macquarie, lo resumió con una fórmula que parece obvia pero no lo es: China armó un programa espacial que no necesita pedir permiso cada cuatro años. Tiene financiamiento estable, lo planifican a diez años y, sobre todo, carece de sobresaltos electorales. Del otro lado, Jonathan McDowell, del Centro Harvard-Smithsonian, puso el foco en lo que aún separa a ambos programas. “Las naves estadounidenses mantienen ventajas tecnológicas que China aún no puede igualar”, admite. Pero agrega un dato que matiza cualquier ventaja: el acceso efectivo a la superficie lunar —sobre todo en el polo sur, donde se presume la existencia de hielo— sigue siendo un dolor de cabeza logístico para cualquiera. Incluso para el dueño de los cohetes más grandes. Autosuficiencia Allí, precisamente, China proyecta uno de sus movimientos más ambiciosos. Junto a Rusia, planea desarrollar hacia 2035 la Estación Internacional de Investigación Lunar, una base científica que se construiría con materiales obtenidos en la propia Luna.La idea no es teórica. La fabricación de ladrillos mediante impresión 3D con regolito lunar ya fue ensayada en la Tierra y en la estación Tiangong. La misión Chang’e-8 debería probar esa tecnología en condiciones reales hacia 2028. Si funciona, resolvería uno de los principales obstáculos de la exploración: cómo construir sin depender del envío constante de materiales desde la Tierra. En paralelo, avanza una línea menos visible pero igual de estratégica. Desde fines de los ´80, China envía semillas al espacio para estudiar su comportamiento bajo radiación y microgravedad. Arroz, trigo, algodón, tomates. Nada demasiado futurista. Hasta que deja la Tierra. Algunas de esas variedades mostraron cambios en su composición, como mayor contenido de azúcares y densidad energética, según investigadores de la Academia China de Ciencias. No son resultados de aplicación inmediata, pero forman parte de una lógica de acumulación. El mismo razonamiento atraviesa los ensayos de agricultura espacial. No se trata solo de mejorar cultivos terrestres, sino de anticipar escenarios en los que la producción de alimentos deba resolverse fuera del planeta. La hipótesis sigue lejos de materializarse, pero ya es parte de la planificación china. El empujón Wolf Esa combinación entre lo visible y lo que permanece en segundo plano recorre todo el programa espacial chino. Lanzamientos, misiones y objetivos con fecha conviven con sistemas de soporte vital, semillas y experimentos de autosuficiencia como el Palacio Lunar 1. En ese contexto, la dimensión política es inevitable. La Enmienda Wolf, aprobada en 2011 por el Congreso de EE.UU., prohibió la cooperación bilateral con China en materia espacial y la dejó fuera de la Estación Espacial Internacional (ISS). La exclusión no frenó el programa. Lo redireccionó. Y lo endureció. Dos décadas después, Beijing no solo cuenta con su propia estación en órbita, sino que invita a otros países a participar.Es, además de un desarrollo tecnológico, una respuesta estratégica. La ISS se acerca al final de su vida útil, previsto hacia 2030. Si no hay cambios, la Tiangong podría quedar como una de las pocas plataformas habitadas en órbita. Y la única bajo control no occidental. Para entonces, China espera haber dado otro paso decisivo: llevar a sus propios astronautas a la superficie lunar. El contraste entre Artemis II y los últimos avances chinos no invalida la magnitud de ambos programas. Son planes diferentes, con ritmos y objetivos propios. Beijing ha demostrado

Misión lunar Artemis II regresa a la Tierra

La nave espacial Orion de la histórica misión Artemis II de la NASA regresó con éxito a la Tierra la noche de este viernes, frente a las costas de San Diego, en la costa oeste de Estados Unidos. Las fases de entrada, descenso y amerizaje incluyeron la separación del módulo de tripulación y del de servicio 42 minutos antes del impacto en el mar, seguida de una maniobra de ajuste de entrada. Posteriormente, se inició la interfaz de entrada cuando Orion penetró la atmósfera terrestre a unos 122 kilómetros de altitud, 13 minutos antes del amerizaje. En este tramo, la cápsula sobrevoló el océano Pacífico a unas 23.864 millas por hora (unos 38.400 km/h). Mientras Orion descendía a unos 122.000 metros, la nave espacial entró en un período de interrupción de comunicaciones de aproximadamente seis minutos, debido a la formación de plasma alrededor de la cápsula durante el pico de calentamiento, donde la tripulación experimentó una aceleración de hasta 3,9 veces la aceleración de la gravedad a nivel del mar. «Houston, aquí Integrity, los recibimos alto y claro», comunicó el comandante Reid Wiseman tras la pérdida de señal. Orion descendió hasta los 60 kilómetros de altitud, donde realizó una fase de planeo justo antes del vuelo atmosférico. La secuencia final incluye el despliegue de la cubierta del compartimento frontal entre los 10 y 7 kilómetros de altitud y, posteriormente, el despliegue de los paracaídas principales para bajar unos 5 kilómetros más. La nave tocó el agua del océano, soltando los paracaídas que la estaban frenando. Posteriormente, los equipos de rescate recogerán la cápsula del mar y la tripulación será evacuada de Orion y trasladada al buque USS John P. Murtha. Equipos de rescate los llevarán en helicóptero y, una vez a bordo, los astronautas se someterán a evaluaciones médicas antes de abordar un avión con destino al Centro Espacial Johnson de la NASA en Houston. Primer vuelo del programa Artemis Orion despegó el pasado miércoles 1 de abril desde el complejo de lanzamiento 39B del Centro Espacial Kennedy, en Cabo Cañaveral (Florida), siendo el primer vuelo de prueba tripulado del programa Artemis, un ambicioso proyecto de EE.UU. para establecer misiones regulares a nuestro satélite natural, con un costo estimado de al menos 93.000 millones de dólares desde 2012. Durante la misión, los tres astronautas estadounidenses —Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch— y uno canadiense, Jeremy Hansen, pasaron a bordo de la nave Orion aproximadamente diez días, logrando captar imágenes inéditas de la cara oculta de la Luna y de la Tierra. T y F/RT

Artemis II inicia fase final antes de sobrevolar la Luna

Los cuatro astronautas de la misión Artemis II iniciaron este lunes 6 de abril a las 6:42 CET la fase final antes de su vuelo alrededor de la Luna, anunció la NASA. La nave Orión que transporta a la tripulación -tres estadounidenses y un canadiense- llegó al punto en el que la atracción gravitatoria de la Luna se impone sobre la de la Tierra. Ahora la nave está en la «esfera de influencia lunar». Esta fuerza gravitatoria la acercará al satélite y la hará rodearlo, antes de darle el impulso necesario para devolverla a nuestro planeta sin propulsión adicional. La tripulación —formada por los astronautas estadounidenses Victor Glover, Christina Koch y Reid Wiseman, y el astronauta canadiense Jeremy Hansen— es actualmente la primera en viajar a la Luna en más de 50 años. TyF/DW

Misión Artemis II abandona la órbita terrestre y se dirige a la Luna

La misión Artemis II abandonó la órbita terrestre tras completar con éxito el encendido clave del motor principal de la nave espacial Orión y se dirigen ya a la Luna, según informó la Nasa. Por primera vez en más de 50 años los astronautas de una misión de la NASA sobrevolarán la Luna. Con el encendido, que duró aproximadamente seis minutos, del motor del módulo de servicio de la nave espacial, conocido como la maniobra de inyección translunar, Orion y su tripulación, compuesta por los astronautas de la NASA Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el astronauta de la CSA (Agencia Espacial Canadiense) Jeremy Hansen, aceleraron para liberarse de la órbita terrestre y comenzaron la trayectoria de salida hacia el vecino más cercano de la Tierra. «Hoy, por primera vez desde el Apolo 17 en 1972, los humanos han abandonado la órbita terrestre. Reid, Victor, Christina y Jeremy se encuentran ahora en una trayectoria precisa hacia la Luna. Orion opera con tripulación por primera vez en el espacio, y estamos recopilando datos cruciales y aprendiendo de cada paso», detalló la administradora asociada interina de la Dirección de Misiones de Desarrollo de Sistemas de Exploración, Lori Glaze, en la sede de la NASA en Washington. El cohete SLS (Space Launch System) de la NASA y la nave espacial Orion despegaron de la plataforma de lanzamiento 39B en el Centro Espacial Kennedy de la agencia en Florida este jueves a las 00.35 (hora española), enviando a los cuatro astronautas en un vuelo de prueba planificado de diez días alrededor de la Luna y de regreso. TyF/ Europa Press

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