Venezuela actualiza su sector minero: las claves de la reforma que busca transformar el subsuelo nacional

La Asamblea Nacional de Venezuela ha dado un paso decisivo en la reconfiguración jurídica de su economía. El presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez, dio cuenta de la aprobación en primera discusión del proyecto de Ley Orgánica de Minas, calificándolo como un instrumento para «garantizar el desarrollo sustentable y sostenible de la minería» en el país.«Seguimos construyendo el andamio jurídico perfecto para el desarrollo de la patria buena», expresó el titular del Legislativo. Un nuevo pacto jurídico Detrás de este anuncio, que busca modernizar el sector por primera vez desde 1999, se despliega un debate complejo.El proyecto de ley, que consta de 127 artículos, no es una simple actualización administrativa. Deroga la legislación de 1999 y la Ley Orgánica de Reserva de Oro de 2015 para establecer un nuevo paradigma. Se mantiene la propiedad inalienable de la República sobre los yacimientos (Artículo 3), pero se abre un abanico de figuras para la operación: desde empresas mixtas y concesiones hasta las novedosas Brigadas Mineras y la protección de la minería artesanal. El texto crea instituciones clave como el Instituto Nacional de Geología y Minería (INGEOMIN) y el Banco Nacional del Dato Geocientífico-Minero, concebidos para aportar rigor científico a una actividad a menudo empírica. Sputnik conversó con expertos que analizan las claves de esta iniciativa, en un contexto donde el país sudamericano busca diversificar su economía más allá del petróleo, pero lidia con realidades complejas en sus territorios mineros.La ingeniera geóloga Luiraima Salazar señala que, desde una perspectiva científica, el fortalecimiento de INGEOMIN para la elaboración de cartografía geológica sistemática y la evaluación de reservas «podría constituir una plataforma estratégica para futuras investigaciones en geociencias, planificación territorial y gestión de recursos naturales». La especialista ve en esto un camino para generar empleo calificado. «Podría abrir oportunidades laborales para profesionales de las Ciencias de la Tierra (geólogos, geofísicos, geoquímicos e ingenieros de minas) que quedaron desplazados del mercado laboral durante la prolongada crisis económica y el colapso del sector petrolero», resalta. La encrucijada del desarrollo Sin embargo, el análisis de Salazar introduce una reflexión que recorre todo el debate: la distancia entre el texto legal y la realidad del terreno. La geóloga advierte que esta reforma se implementa «en un territorio marcado por economías ilegales, fragmentación del control estatal y graves conflictos socioambientales».El proyecto de ley, con su lenguaje técnico sobre «desarrollo sostenible» y «minería ecológica», contrasta con la realidad que ella describe en el sur del país sudamericano: «deforestación masiva, contaminación por mercurio en ríos amazónicos, destrucción de territorios indígenas y expansión de economías de esclavitud laboral»En su opinión, el discurso de la «minería ecológica» corre el riesgo de convertirse en «una construcción propagandística engañosa», esto si no va acompañado de instituciones independientes capaces de fiscalizar. Esta visión es matizada, pero coincide en el diagnóstico de los desafíos con la del ingeniero mecánico Luis Prieto.Para el experto, el nuevo marco legal debe entenderse en relación con el decreto de 2016, que reservó al Estado la exploración de minerales estratégicos. La nueva ley, explica, «intenta estructurar un modelo más amplio de organización del sector, manteniendo la propiedad estatal del subsuelo, pero creando condiciones regulatorias para una mayor participación operativa y financiera de distintos actores».El objetivo, según Prieto, es ordenar una actividad marcada por «informalidad, baja supervisión y pérdida de valor económico para el país», pero advierte que la ley podría fortalecerse con elementos de legislaciones más avanzadas.Entre sus sugerencias destaca la necesidad de implementar «sistemas de trazabilidad de los minerales desde su extracción hasta su comercialización» y «estándares ambientales internacionales obligatorios para el manejo de relaves, uso de sustancias contaminantes y protección de cuencas hidrográficas». ¿Gobernanza o formalización del caos? El punto de convergencia entre los especialistas es la preocupación por la gobernanza real. Salazar plantea la interrogante de manera directa: gran parte de los yacimientos se encuentran en zonas donde «el Estado no ejerce un control real y efectivo», y se pregunta cómo van a controlar eso.La ley crea un andamiaje de control: un ministerio rector, un resguardo nacional minero ejercido por la Guardia Nacional, una superintendencia y un registro único minero. Sin embargo, Salazar alerta sobre el riesgo de que la nueva legislación termine siendo una herramienta que no desmonte las estructuras ilegales preexistentes, sino que, al crear nuevas figuras como cooperativas o concesiones, corra el riesgo de legalizar indirectamente redes de extracción ya existentes. En su análisis, «el problema no es la falta de ley. El problema es quién controla realmente las minas».Prieto, por su parte, añade un elemento crucial: la lucha contra la corrupción. Sostiene que convertir la riqueza mineral en bienestar «exige transformar la gobernanza del sector y enfrentar con decisión dos problemas estructurales: la corrupción y la criminalidad asociada a la minería». Los expertos coinciden en que el verdadero desafío no es únicamente aprobar una nueva ley, sino construir las condiciones para que esa normativa se traduzca en gobernanza real. Como refiere Salazar, «el futuro del Arco Minero dependerá menos del texto de la ley que de la capacidad del Estado y de sus instituciones técnicas para recuperar el control efectivo del territorio». En paralelo al debate legislativo, el Ejecutivo Nacional ha movido fichas clave en el tablero institucional del sector. Mediante el decreto presidencial número 5.266, publicado en Gaceta Oficial Extraordinaria número 6.994 del 6 de marzo de este año, se ordenó la fusión por absorción de la Corporación Venezolana de Minería (CVM) con la Compañía General de Minería de Venezuela (Minerven). La CVM subsiste como empresa absorbente, integrando la totalidad del patrimonio, activos y pasivos de Minerven, en una operación que busca centralizar y optimizar el manejo de los activos mineros del Estado.La normativa concede un plazo de 30 días para que la CVM realice las adecuaciones organizativas pertinentes, especialmente en materia de talento humano, sentando las bases para una gestión corporativa unificada.Complementando esta reestructuración, el decreto presidencial número 5.267 designó a Héctor José Silva Hernández como presidente encargado de la Corporación Venezolana de Minería, confiándole la tarea de liderar este proceso de consolidación empresarial.

El poder del Congreso para detener la guerra de Trump en Oriente Medio

La agresión conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán no solo ha desencadenado una escalada militar en Oriente Medio, sino también una tormenta política en Washington: numerosos congresistas, sobre todo demócratas, pero también algunos republicanos, denuncian que el presidente Donald Trump ha iniciado de facto una guerra sin la autorización del Congreso, reabriendo el viejo debate sobre quién decide realmente si el país se mete en un conflicto. Según la Constitución, solo el Congreso goza del derecho a declarar la guerra, pero tanto presidentes demócratas como republicanos han ordenado el uso de la fuerza militar durante más de 75 años. Expertos legales se muestran escépticos a la hora de analizar la autoridad constitucional de Trump para lanzar una nueva agresión militar sin la aprobación del Congreso. Este sábado, Trump anunció el inicio de «importantes operaciones de combate» en Irán, bajo el argumento de «defender al pueblo estadounidense eliminando amenazas inminentes». En particular, subrayó que los objetivos de estas «operaciones» van desde destruir la industria militar y de misiles de Irán hasta contribuir a «derrocar» el Gobierno actual. Tras el inicio de la agresión, distintas voces del Partido Demócrata han pedido a los miembros del Congreso que se reúnan inmediatamente en Washington para votar sobre si detener nuevas acciones militares en Irán. Se espera que la Cámara de Representantes y el Senado celebren dichas votaciones en los próximos días, después de que la decisión del mandatario de lanzar el ataque a Irán haya inyectado nueva urgencia a esos planes. «Uno de los esfuerzos más peligrosos» Los demócratas, junto con el senador republicano Rand Paul y el representante republicano Thomas Massie, han forzado la votación de un número récord de resoluciones sobre poderes de guerra, a pesar de la oposición de la mayoría de los republicanos, lo que ha sido presentado como el intento de reclamar para el Congreso su poder constitucional para declarar la guerra. Alegan que la Casa Blanca no ha presentado una justificación legal a la población de sus ataques, y que el secretario de Estado, Marco Rubio, tampoco dio un informe completo a los miembros del Congreso sobre las acciones en Oriente Medio. «El Gobierno no ha proporcionado al Congreso ni al pueblo estadounidense detalles cruciales sobre el alcance ni la inmediatez de la amenaza», expresó el líder de la minoría del Senado, Chuck Schumer, que insiste en que la Administración Trump debe informar al Congreso, incluso mediante una sesión informativa clasificada inmediata para todos los senadores y un testimonio público. «Este es uno de los esfuerzos más peligrosos que Trump está realizando en su segundo mandato: intentar normalizar la guerra sin el Congreso, intentar normalizar la idea de que un presidente puede hacer lo que quiera en materia de política exterior», denunció el senador demócrata Andy Kim. Por su parte, la exvicepresidenta del país y excandidata demócrata Kamala Harris expresó que Trump arrastra al país a «una guerra que el pueblo no quiere». «El Congreso debe actuar de inmediato. El pueblo estadounidense no quiere que nuestros hijos e hijas vayan a esta guerra opcional no autorizada y yo me opongo inequívocamente a ello», aseveró la política. Las herramientas formales del Congreso incluyen resoluciones de poderes de guerra para forzar votaciones que pueden ordenar la retirada de tropas en ausencia de una autorización específica. No obstante, varios medios subrayan que iniciativas similares en el pasado rara vez han llegado a convertirse en ley frente a la oposición del Ejecutivo. ¿Qué poderes tiene el Congreso? La Constitución de EE.UU. otorga al Congreso la facultad de «declarar la guerra» (el Artículo I reza: «El Congreso tendrá facultades para declarar la guerra, otorgar patentes de corso y represalia y establecer reglas en materia de capturas en mar y tierra»), mientras que el presidente es comandante en jefe de las Fuerzas Armadas (el Artículo II reza: «El presidente será comandante en jefe del Ejército y de la Marina de Guerra de Estados Unidos, y también de la Milicia de los distintos estados cuando esta sea llamada al servicio activo de la nación»). Sin embargo, el Congreso ha interpretado ese lenguaje para permitir a los presidentes desplegar tropas en «circunstancias hostiles» sin una declaración de guerra, si el Congreso lo ha autorizado específicamente a usar la fuerza o existe una emergencia nacional creada por un ataque a Estados Unidos o sus territorios. De ese modo, el país norteamericano no ha declarado oficialmente la guerra desde la Segunda Guerra Mundial. Christopher Anders, abogado y experto en asuntos de seguridad nacional, opina en declaraciones a la CNN que, con sus acciones, Trump «violó la Constitución», puesto que la norma suprema es «meridianamente clara sobre quién tiene la autoridad para declarar la guerra y comprometer a militares estadounidenses en la batalla, y ese es solo el Congreso». «El presidente intentó apropiarse de ese poder sin obtener antes autorización del Congreso», subrayó. En la misma línea, analistas recuerdan que la Ley de Poderes de Guerra de 1973 obliga al Ejecutivo a consultar al Congreso antes de involucrar a fuerzas estadounidenses en hostilidades, y a obtener autorización si las operaciones se prolongan más allá de un plazo determinado. Además, esta legislación permite que un solo miembro del Congreso fuerce una votación sobre la retirada inmediata de las fuerzas estadounidenses de despliegues no autorizados en situaciones hostiles. Sin embargo, la Corte Suprema dictaminó en 1983 que los presidentes podían vetar tales resoluciones, algo que el Congreso solo puede anular con una mayoría de dos tercios en cada cámara. Ninguna resolución de poderes de guerra ha superado jamás un veto. Desde entonces, los presidentes han obtenido autorización del Congreso para varias guerras terrestres (la guerra del golfo Pérsico, las guerras en Afganistán e Irak) y han ampliado la ley de guerra de Afganistán, que tenía como objetivo a los perpetradores de los ataques del 11 de septiembre, para convertirla en una autorización permanente del Congreso para atacar a milicianos afiliados a Al Qaeda* en otros lugares. T/RT F/Cortesía-Gettyimages.ru

China le baja el precio a los jóvenes

Así como China aplicó durante 36 años una estricta política de hijo único, que marcó a generaciones y acompañó su acelerado proceso de desarrollo, en la última década debió desmontar aquel imperativo de Estado para hacer frente a una crisis demográfica que hoy afecta a gran parte del planeta. En lo que fue un giro de 180 grados, Beijing dispuso una urgente apertura de aquella férrea planificación social, echó mano a todas las recetas conocidas e, incluso, intentó estrategias que despertaron adhesiones, rechazos y alguna que otra burla. En este escenario, en los primeros días de 2026 se anunció un nuevo programa que busca elevar los estándares de atención en las 126.000 guarderías y servicios de cuidado infantil, que hoy ofrecen alrededor de 6.660.000 plazas en todo el país. Aunque parezca una contradicción, la intención oficial es pasar de que estos lugares existan a que funcionen bien, mientras, en forma paralela, se aplica una reducción del 29 % en los precios por la jornada completa. Precisamente, esta decisión política de aliviar la economía de las familias es el eje de una serie de medidas que pretende cambiar el humor social frente a la posibilidad de tener hijos. Se trata de una necesidad con sabor a urgencia, teniendo en cuenta que el índice poblacional chino viene en caída libre por cuarto año consecutivo, según un informe de la Oficina Nacional de Estadística (NBS), difundido esta semana. “El objetivo es ampliar las opciones de cuidado infantil y establecer un sistema público diverso, seguro y de alta calidad a un precio accesible”, adelantó el presidente del Comité de Educación, Ciencia, Cultura y Salud Pública de la APN, Luo Shugang, al presentar en diciembre los lineamientos del Proyecto de Ley Sobre Servicios de Cuidado Infantil, una norma sin precedentes en la historia de China, diseñada para fortalecer la protección de los niños menores de 3 años y mejorar las políticas de apoyo al parto y la crianza. En esa línea, otra de las medidas que se profundizará este año será la ampliación a nivel nacional del Seguro de Maternidad, que por ahora garantiza partos prácticamente gratuitos a unas 255 millones de personas de 7 regiones provinciales. Según anunció el gobierno, la meta será fortalecer la cobertura de gastos médicos para las revisiones prenatales y asegurar que los costos básicos del parto estén cubiertos por los programas de seguro en todo el país. La vicepresidenta de Hospital Materno-Iinfantil de Jinan, Zhao Chunmei, explicó a la agencia Xinhua que “las mujeres cubiertas por el Seguro de Maternidad para empleados suelen pagar menos de 1000 yuanes (unos 141,53 dólares) de su bolsillo, por un parto estándar en el hospital”. “Los costos – agregó – han disminuido drásticamente con respecto a los niveles anteriores, lo que alivia la carga financiera de las familias». Desde la Administración Nacional de Seguridad Sanitaria destacaron la intención oficial de ampliar la cobertura del Seguro de Maternidad a los trabajadores informales, los migrantes y las personas con nuevas formas de empleo. Es decir, a los sectores del mercado laboral que suelen quedar más desprotegidos en algunas políticas sociales. Un tercer pilar del plan 2026 está constituido por la ampliación de los subsidios para cuidados infantiles que, por ahora, el Estado viene otorgando en nueve provincias y 1.315 regiones de distrito, en sintonía con una de las metas del XV Plan Quinquenal (2026-2030). Concretamente, el gobierno ofrece a las familias una suma fija anual de poco más de 500 dólares, libres de impuestos, por cada hijo menor de tres años. La cifra es modesta, pero alcanza a 24 millones de personas que se benefician de una reasignación de recursos que hoy mueve alrededor de 13.000 millones de dólares, según datos del Ministerio de Hacienda. “En los últimos años, China ha ampliado el apoyo económico a las familias con hijos en múltiples áreas. Además de los subsidios directos, la atención a niños menores de tres años y la educación infantil, se han incluido en las deducciones adicionales del impuesto sobre la renta personal, elevando el estándar de deducción de 1.000 yuanes a 2.000 yuanes por niño al mes, explicaron a la agencia Xinhua funcionarios del área económica. La decisión de Beijing de “fomentar una sociedad favorable a la procreación” también incluyó, recientemente, la extensión a 158 días de las licencias de maternidad, junto con las licencias por paternidad; los premios para las parejas que estuvieran dispuestas a tener dos o tres hijos; y la aplicación de un impuesto del 13% a los anticonceptivos y preservativos (una polémica medida que generó más memes que nacimientos). Como todos saben, o intuyen, la magnitud geográfica de China (el país más poblado de mundo, después de India) hace que todos sus números sean abrumadores y las comparaciones, casi una pérdida de tiempo. Sólo a partir de esta premisa puede leerse la situación demográfica de una nación que a pesar de tener 30 millones de niños menores de 3 años – el equivalente a la población total de algunos países – su tasa de natalidad descendió durante 7 años consecutivos, con un modesto y aislado repunte en 2024. El último informe de la Oficina Nacional de Estadística de China, fechado el 19 de enero pasado, es contundente: en 2025 la población total fue de 1.404.890.000, con una caída interanual de 3.390.000; el número de nacimientos ascendió a 7.920.000, con una tasa de natalidad de 5,63 por mil y la cantidad de muertes sumó 11.310.000, con una tasa de mortalidad de 8,04 por mil. En otras palabras, la tasa de reducción natural de la población china fue del 2,41 por mil y la de nacimientos alcanzó el nivel más bajo desde la fundación de la República Popular. Los números oficiales no solo confirman el desinterés de la sociedad por tener hijos (los jóvenes prefieren dedicarse a sus carreras profesionales, como ocurre en otros países), sino que también revelan que el envejecimiento de la población se profundizó en 2025 (los mayores de 60 suman 323 millones, el 23% de la sociedad,

IA, ‘fake news’ y miedos históricos: la triada perfecta de la guerra informativa contra Venezuela

Venezuela se ha convertido en centro de atención a nivel internacional. Desde los ataques militares que sufrió el país por parte de Estados Unidos y el secuestro del presidente, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, las corporaciones mediáticas occidentales identificaron una nueva figura de interés: la presidenta encargada, Delcy Rodríguez. En las últimas semanas, una avalancha de acusaciones —que van desde supuestos vínculos con el narcotráfico, denuncias de conspiración, hasta una conexión con el movimiento chií Hizbulá— ha sido desplegada contra la mandataria.La respuesta oficial ha sido contundente y centralizada a través de la cuenta «Miraflores al Momento», plataforma que ha desmentido punto por punto cada una de estas narrativas, calificándolas como «nuevas versiones, mismas ‘fuentes’ y cero pruebas», cuyo objetivo real es «mantener la amenaza» contra Rodríguez.Pero más allá del desmentido específico, surge una pregunta de fondo: ¿cuál es el mecanismo, el objetivo último y el verdadero impacto de estas campañas de noticias falsas? Explotación de temores estructurales Para Oscar Schemel, director de la encuestadora Hinterlaces y analista de opinión pública, estas operaciones no buscan simplemente dañar a una figura, sino ejecutar un ataque sistemático contra la credibilidad institucional, erosionando la confianza social hasta sus cimientos.En entrevista para Sputnik, el experto desmonta las áreas, los actores y las consecuencias de lo que define como una guerra de desinformación que tiene a la inteligencia artificial como su artillería más letal.Schemel identifica tres «matrices recurrentes» en esta ofensiva: de la traición o subordinación a potencias extranjeras, la del narcotráfico y la de la ruptura o conspiración interna. Su efectividad, explica, no radica en su veracidad fáctica, sino en su capacidad para conectar con «miedos estructurales muy profundos de la sociedad venezolana». «No apelan a datos, sino a emociones acumuladas: el temor a la entrega de la soberanía, la criminalización del poder y la percepción de fractura interna», precisa el analista. Estas narrativas operan en el terreno de la sospecha permanente, un espacio donde la demostración empírica es irrelevante. En contextos de alta complejidad como el venezolano, su meta no es que la gente crea una versión concreta, sino que «deje de confiar en cualquier versión».«Ese es el verdadero daño: la erosión de la credibilidad como sistema», sentencia Schemel. «Cuando todo parece posible, incluso lo falso se vuelve admisible». La velocidad y el realismo de estos ataques han sido multiplicados por la inteligencia artificial. Schemel advierte que la IA ha «reducido radicalmente el costo y tiempo para crear contenidos falsos verosímiles», generando «realidades falsas diseñadas con precisión». Ante este escenario, las estrategias de comunicación tradicionales son insuficientes. «La clave ya no es solo desmentir, sino anticipar», afirma. Propone un enfoque de tres niveles: prevención, velocidad y credibilidad. El primer paso es «inocular a la audiencia», es decir, educar sobre cómo se construyen estas falsedades. El segundo, es una respuesta temprana con evidencia simple y verificable, «antes de que la mentira se consolide emocionalmente». El tercero es distribuir la verdad por los mismos circuitos donde circula la falsedad, adaptándose a la lógica digital. «Si se pierde la primera ventana temporal, luego el debate deja de ser racional y se convierte en identitario», subraya. En este marco, herramientas como «Miraflores al Momento» son fundamentales como mecanismo de respuesta rápida y para fijar una posición institucional clara. Sin embargo, Schemel considera que esta estrategia de desmentido centralizado, aunque necesaria, «no es suficiente». «La disputa no ocurre solo en el plano institucional, sino en el plano emocional y viral», explica. Por ello, el desmentido debe complementarse con una red de voceros, formatos ágiles y una estrategia de distribución diferenciada. Una mala aclaración, advierte, puede incluso amplificar la mentira «si repite el rumor o lo dramatiza».«La clave es responder rápido, con claridad, sin sobrerreaccionar y cerrando la conversación, no alimentándola», concluye. Ingeniería digital para fragmentar la sociedad Estas campañas ya no dependen de los medios tradicionales. Schemel describe «circuitos de difusión» híbridos que mezclan memes, contenido real recortado y falsedades absolutas, funcionando como una eficiente «cadena de valor informativa».En este ecosistema operan actores con roles específicos: productores del contenido (con fines políticos o estratégicos), amplificadores (que buscan visibilidad, monetización o influencia) y validadores (figuras que, sin crear la mentira, la legitiman con insinuaciones). A este circuito se suma una «audiencia militante» que comparte el contenido no por convicción de su veracidad, sino porque refuerza su identidad emocional o política.«Muchas veces el incentivo no es ideológico, sino económico o reputacional. El conflicto genera tráfico, seguidores y poder simbólico», analiza Schemel. El resultado es un sistema que, aunque parece caótico, tiene su estructura. Parece «descentralizado, pero no caótico, tiene patrones, roles y objetivos claros», añade.Más allá del objetivo inmediato de desgastar a una figura política, Schemel alerta sobre el impacto más profundo y duradero de estas operaciones: la erosión de la confianza general en la información y, por ende, en la posibilidad misma del debate público. «El impacto más grave es el aumento del cinismo informativo», afirma. «Cuando la gente asume que todo es manipulación, se debilita la posibilidad de deliberación colectiva». Este fenómeno se puede medir en indicadores como la caída de confianza en instituciones y medios, la fatiga informativa, la polarización emocional y la disposición a compartir rumores sin verificar. Desde la investigación de opinión pública, Schemel observa una peligrosa «retirada del debate»: personas que prefieren no informarse o no participar porque sienten que «nada es verdad». «A largo plazo, esto fragmenta la cohesión social y convierte la política en una disputa entre estados de ánimo, no de ideas», advierte. El horizonte que dibuja es sombrío: una sociedad que, al perder «una base mínima de verdad compartida», se vuelve «más vulnerable a la manipulación permanente». A juicio del experto, la batalla que se libra en las redes y medios contra la presidenta encargada es solo la antesala de una estrategia mayor. «La confrontación ya no busca derrotar de manera frontal; busca reprogramar mentalidades, expectativas y sentidos. Frente a ello, la respuesta pasa por más política, más comprensión histórica y más capacidad de interpretar las tendencias

La Doctrina China vs. la Doctrina Donroe

Tras el impacto inicial que provocó el ataque de Estados Unidos a Venezuela, muchas miradas se desplazaron rápidamente hacia China, no sólo por su peso específico en el escenario global, sino también por sus vínculos con Caracas, sobre todo en materia energética/petrolera. Consciente de esa expectativa, Beijing reaccionó con previsible celeridad y se ubicó entre los primeros actores internacionales en calificar la invasión como un acto de unilateralismo, intimidación y violación de las normas fundamentales del derecho internacional. Esa postura – ratificada luego en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) – se erigió como la antítesis de la aggiornada “Doctrina Donroe”, aquel principio de política exterior que supo resumirse en la frase “América para los americanos”, es decir, para los EEUU. “Todos los países deben aceptar los caminos de desarrollo de otros países elegidos independientemente por sus pueblos, además de respetar el derecho internacional y los principios de la Carta de las Naciones Unidas. Los países más importantes, en particular, deben dar el ejemplo”, afirmó el presidente Xi Jinping a 48 horas del ataque, en un inequívoco mensaje que no necesitó identificar nombres para que el mundo supiera de quién estaba hablando. “Nunca hemos creído que algún país pueda desempeñar el papel de policía del mundo, ni estamos de acuerdo con que alguien se arrogue la condición de juez internacional”, completó el canciller Wang Yi, al defender los principios del multilateralismo y subrayar que la soberanía y la seguridad de los Estados deben estar protegidas por el derecho internacional, y no por la ley del más fuerte. En esa línea, artículos editoriales del aparato oficial de comunicación – Xinhua, Diario del Pueblo, CCTV, China Daily y el Global Times, entre otros medios – fueron aún más explícitos al describir la ofensiva de EEUU como “un acto indignante que desnuda quién es el verdadero violador del derecho internacional” y un intento de “expandir su dominio hemisférico para controlar recursos estratégicos”, en particular el petróleo venezolano. “Lanzar un ataque militar contra un país soberano en nombre de la ‘aplicación de la ley’ y detener por la fuerza al presidente de otro país recurriendo a un poder abrumador es un escenario tan indignante que incluso a los guionistas de Hollywood les costaría imaginarlo”, sostuvieron. Además de las primeras condenas oficiales, los lineamientos de la posición de Beijing quedaron expuestos durante la reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU, realizada esta semana en Nueva York a pedido de la propia Venezuela, junto con Colombia, Rusia y China. En ese ámbito, el representante chino Sun Lei marcó la contradicción que EEUU, pese a ser miembro del organismo, haya “pisoteado” no sólo la soberanía, la seguridad, los derechos e intereses legítimos de Venezuela, sino también los principios internacionales de igualdad soberana, no intervención en los asuntos internos, solución pacífica de las controversias y prohibición del uso de la fuerza. “Estados Unidos – sintetizó Sun – ha ubicado su propio poder por encima del multilateralismo, y las acciones militares por encima de los esfuerzos diplomáticos, lo cual representa una grave amenaza para la paz y la seguridad en América Latina y el Caribe (ALC), e incluso a nivel internacional”. En este contexto, China recordó que Washington ya había ignorado al Consejo de Seguridad de la ONU cuando decidió “emprender operaciones militares contra Irak, atacó instalaciones nucleares de Irán, e impuso sanciones económicas, ataques y ocupaciones armadas en varios países de ALC”, provocando “conflictos persistentes, inestabilidad y un inmenso sufrimiento de la gente común y corriente”. “Las naciones de ALC son fuerzas importantes para mantener la paz y la estabilidad mundiales, y tienen todo el derecho de elegir de manera independiente sus caminos de desarrollo y a sus socios. Ningún país puede actuar como el policía del mundo, ni pretender ser juez internacional”, insistió Sun, con una frase textual de la bajada de línea del canciller Wang Yi. Acostumbrada a ser demonizada por Estados Unidos, China delineó parte de su posición en desvirtuar la retórica que presenta al presidente Donald Trump como supuesto guardián de la libertad mundial, y explicar cómo Washington no tuvo reparos en violar el Artículo 2 (4) de la Carta de la ONU, el principio fundamental del derecho internacional que prohíbe el uso o la amenaza de la fuerza contra la soberanía y la integridad territorial de los Estados. Al respecto, desde Beijing rechazaron las maniobras que intentaron trasladar lo ocurrido en Venezuela a un hipotético escenario en Taiwán, al recordar que la invasión a un país soberano poco tiene que ver con una cuestión interna china, que involucra a una isla considerada parte de su territorio, tal como lo reconoció la Resolución 2758 de la Asamblea General de la ONU (1971). “China jamás invadiría Taiwán porque es una región inalienable del país, pero eso no significa que se quedaría de brazos cruzados si alguna provincia intentara declarar su independencia”, aclararon fuentes diplomáticas. En su intención de diferenciarse de la “Doctrina Donroe”, China también recordó que en 2025 lanzó su Iniciativa de Gobernanza Global, compuesta por 5 principios fundamentales, entre ellos el compromiso con la igualdad soberana, el estado de derecho internacional, el multilateralismo, un enfoque centrado en las personas y la búsqueda de resultados concretos. El bloque del Sur Global (integrado por unos 140 países emergentes), la Iniciativa de la Franja y la Ruta (con 150 naciones y 30 organizaciones internacionales) y el Brics ampliado (de 11 miembros plenos y un grupo creciente de asociados) fueron otras iniciativas que Beijing rescató por estos días a la hora de defender su principio de Comunidad de Destino Compartido de la Humanidad, un nuevo orden internacional que, según destacaron, se ubica en las antípodas de las políticas hegemónicas extremas que se expresaron en el ataque a Venezuela. Sin eufemismos, el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos advirtió que desde el 3 de enero – cuando comenzó la incursión armada – todos los países del planeta son menos seguros. La portavoz Ravina Shamdasani destacó que la acción

La reunión Xi Jinping y Trump abre otro escenario mundial

Cierra una semana en que el juego y el fuego de las tres potencias dominantes —China, Estados Unidos y Rusia— nos mostraron el rumbo, sin duda provisorio, de la actual transición global. El miércoles la cumbre presidencial entre Xi Jinping y Donald Trump en Corea del Sur certificó que ya es China la que ocupa la cabecera de la mesa. Los acuerdos, los lenguajes corporales y las decisiones a futuro así lo demostraron.  Hubo una escena de la diplomacia política que habló por sí sola: ya se anunció que Xi jugará de local primero y será Trump el que lo visite en abril próximo. En cambio, el presidente chino se dio el lujo de seguir pensando cuándo devolverá la visita y viajará a Washington. La segunda señal de gran importancia que nos dejó la semana es que estos juegos de aproximaciones y diálogo se llevan a cabo con un arma gatillada en la mano, sobre todo por iniciativa de Trump. Cuando estaba por encontrarse en forma «amigable» con Xi y sin aviso previo, Trump anunció un hecho peligrosísimo para el mundo: el Pentágono reanudaría las pruebas con armas nucleares suspendidas en 1992, inmediatamente después del colapso de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría. Lo hizo además de manera muy desprolija: con la táctica trumpista del hecho consumado y a través de un medio no oficial, su red Truth Social. «He dado instrucciones al Departamento de Guerra para que comience de inmediato a probar nuestras armas nucleares en igualdad de condiciones con otros países», publicó provocadoramente en la red cuando el avión Air Force One volaba hacia la ciudad surcoreana de Busan para una cumbre de altísima significación. El mensaje estaba dirigido, desde ya, también a Rusia, la mayor potencia militar del mundo en el campo nuclear. El Kremlin respondió de inmediato y sin nervios: «El presidente Trump mencionó que otros países están realizando pruebas nucleares. Rusia no las ha realizado ni tiene conocimiento de que otros países lo hubieran hecho (…) Quiero recordar algo que el presidente Putin ha reiterado en muchas ocasiones: si alguien se aparta de la moratoria, Rusia también lo hará», declaró el vocero presidencial Dimitri Peskov. Trump, como siempre, acompañó sus declaraciones y discursos con hipérboles, frases jactanciosas y datos falsos. «EE.UU. tiene más armas nucleares que cualquier otro país», alardeó en su página de Truth Social. Aunque por seguridad no se sabe exactamente cuál es el armamento de cada país, el Instituto de Investigación por la Paz de Estocolmo (Sipri) calcula que Rusia cuenta con unas 5 400 ojivas nucleares, Estados Unidos alrededor de 5 mil y China 600. Beijing se propuso llegar a las mil ojivas en el año 2030. América Latina en el tablero mundial El tercer elemento significativo de esta semana es la escalada bélica estadounidense en el Caribe y la deriva que tomó en Brasil la guerra contra el narco que lanzó Trump hace un mes. Inmediatamente después de la megarreunión de urgencia del Pentágono que convocó Trump en la base de Quántico, el presidente lanzó un ataque ilegal contra embarcaciones pesqueras en el Caribe alegando, sin pruebas, que se trataba de traficantes que llevaban droga a EE.UU. En agosto el Ejecutivo había emitido una orden presidencial secreta por la que aprobaba el uso de la fuerza militar —aérea, naval y terrestre— en suelo extranjero con el fin de liquidar los cárteles de la droga latinoamericanos considerados por la Casa Blanca «organizaciones terroristas». Este cambio en el paradigma de seguridad es también de los años 90, tras el fin de la Guerra Fría. Cuando el «peligro rojo» dejó de ser un argumento —ya que había desaparecido la URSS—, fue sustituido por un conjunto difuso de «nuevas amenazas». La más efectiva para los fines norteamericanos fue la de asociar el narcotráfico con el terrorismo y permitir que estos delitos dejaran de ser competencia policial para pasar a la órbita militar. A partir del supuesto tráfico de drogas y renuncia mediante del jefe del Comando Sur, Alvin Holsey —al parecer por disentir con los planes del Pentágono en el Caribe—, la Casa Blanca ordenó un aumento significativo de la presencia militar y las ejecuciones extrajudiciales en las proximidades de Venezuela y Colombia. Esta semana EE.UU. anunció el traslado de barcos de guerra desde el Mediterráneo hacia el Caribe como el portaaviones Gerald Ford, el más grande, mortífero y sofisticado de la actual armada norteamericana. En este contexto Brasil es otro de los focos. Un megaoperativo de las fuerzas de seguridad —cuya planificación aun está en investigación— contra narcotraficantes en la favela de Río de Janeiro produjo, esta semana, un baño de sangre. La orden fue dada por el gobernador bolsonarista Claudio Castro sin consultar con el gobierno federal y cuando el presidente Lula da Silva no estaba en el país.  Real o no —aun se desconoce— la amistad de Trump con el expresidente de Brasil, el ultraderechista Jair Bolsonaro, la masacre ordenada por el gobernador carioca y el accionar de los comandos narcos bolsonaristas de Río podrían ser parte de una nueva intentona —como ya hubo en el pasado— de desestabilización y golpe de Estado contra el presidente Lula. Días atrás uno de los hijos de Bolsonaro, Flavio, senador por Río de Janeiro, escribió en las redes en relación con los ataques de EE.UU. contra barcos en el Pacífico y Caribe, que dejaron ya varias decenas de muertos: «¡Qué envidia! Hay barcos como esos aquí, en la bahía de Guanabara, inundando Brasil con droga. ¿No les gustaría venir unos meses aquí y ayudarnos a luchar contra esas organizaciones terroristas?». Finalmente, la cuarta pieza del rompecabezas que se fue armando esta semana la puso Argentina. El domingo 26, 40% de los electores refrendaron la gestión de Javier Milei. La extorsión de Trump a los argentinos —»si no votan por Milei, el país se derrumba»— fue un factor central en ese resultado.  Al poner toda la carne al asador —la visita del Secretario del Tesoro, la declaración pública del cargo más alto de la

Las cinco claves energéticas de un convulso año 2024

El 2024 será recordado como un año crucial para el escenario energético mundial, marcado por tensiones geopolíticas, transformaciones estructurales y decisiones estratégicas que redefinieron las dinámicas globales del sector. Desde las políticas de exportación de Gas Natural Licuado (GNL) de Estados Unidos, hasta los avances en proyectos energéticos claves como el Campo Dragón en Venezuela, cada acontecimiento reflejó los complejos desafíos y oportunidades de una industria en constante evolución. Por ello, resultó oportuno recopilar los cinco hitos que no solo delinearon la agenda energética del año sino que también ofrecen una perspectiva sobre las tendencias y retos que podrían dominar el 2025. 1. Estados Unidos y el gas natural licuado En enero de 2024 la administración de Joe Biden implementó una pausa temporal en las aprobaciones de nuevos proyectos de exportación deGNLhacia países que no son parte del Tratado de Libre Comercio (TLC). Esta medida afectó siete proyectos con una capacidad total de 5 600 millones de pies cúbicos por día (Bcf/d) mientras el Departamento de Energía (DoE) revisa el impacto económico y ambiental de dichas exportaciones, cuestión que lleva casi un año. No existen acuerdos de libre comercio con la mayoría de los principales países importadores de gas de Europa y Asia, incluidos los miembros de la Unión Europea (UE), el Reino Unido, Japón y China. De hecho, Corea del Sur es el único gran importador que tiene un acuerdo de libre comercio con Washington. Este movimiento se ejecutó bajo el pretexto de «prioridades ambientales» de la administración Biden pero, a grandes rasgos, de acuerdo con la oposición interna del Partido Republicano, esta pausa representa un intento de socavar el aumento de las exportaciones de GNL a países que no son parte del TLC. Una pausa, ya sea a corto o largo plazo, podría impulsar un aumento en los precios del mercado global de GNL, lo cual favorecerá a los exportadores estadounidenses al fortalecer su competitividad en el ámbito energético mundial, y consolidará la posición de Estados Unidos como un actor clave en este sector estratégico. Pero, mientras tanto, los grandes consumidores industriales de Estados Unidos han apoyado la pausa por el temor al impacto que las exportaciones tendrán sobre los precios de las materias primas nacionales. Con el regreso de Donald Trump en 2025 se espera un cambio de rumbo en la política energética estadounidense debido a que el próximo presidente ha prometido expandir las perforaciones internas y aumentar las exportaciones de hidrocarburos, lo que podría desestabilizar el mercado energético global. Sin embargo, la medida de Biden rompió el mito de que los suministros de gas estadounidenses son más seguros que los de Rusia, y deja claras evidencias de que para Europa el comercio con Estados Unidos conlleva riesgos y, sobre todo, chantajes. 2. Minerales críticos: más competencia En marzo de 2024 la UE y Estados Unidos firmaron un acuerdo para garantizar el suministro de minerales críticos como el litio y tierras raras. Su alcance trasciende lo económico, al redefinir las dinámicas geopolíticas en un contexto global cada vez más competitivo. China ha consolidado su liderazgo global en la cadena de suministro de minerales críticos, abarcando desde la extracción hasta el procesamiento y la fabricación de componentes fundamentales para vehículos eléctricos, baterías y dispositivos tecnológicos. En 2023 el país asiático produjo más de dos tercios de los metales de tierras raras a escala mundial y, actualmente, procesa más de 80% de ellos, además de casi la totalidad (99,9%) de los metales pesados de tierras raras. Este dominio no solo se basa en sus vastos yacimientos sino también en su capacidad de refinado, lo que incluye la importación de estos minerales desde Occidente para su procesamiento, con una importancia estratégica en sectores como el militar. Un ejemplo resaltante que expone la fragilidad occidental es el caso del antimonio, un metal crítico cuya demanda ha alcanzado niveles récord debido al rearme militar de los países de la OTAN. Con un aumento de 300% en su precio durante el año, este recurso, esencial en la fabricación de misiles y proyectiles, es mayoritariamente producido por China. En respuesta a las agresivas medidas comerciales de Estados Unidos, China decidió suspender su suministro a ese país, decisión que dejó al descubierto la vulnerabilidad de las cadenas globales frente a la dependencia occidental de recursos estratégicos. Ahora bien, en el corto plazo, el convenio firmado entre la UE y Estados Unidos busca, en teoría, sentar las bases para diversificar las cadenas de suministro con el objetivo de reducir gradualmente la dependencia de China. Al respecto, se recuerda que ese pacto con Europa tiene un corte transversal hecho por la Estrategia de Seguridad Nacional 2022 (NSS, según siglas en inglés) de la administración Biden, que define a China como «el desafío geopolítico más importante de Estados Unidos», y plantean que la estrategia debe estar orientada en la inversión a la competitividad y en trabajar en estrecha colaboración con socios. De esta manera, el acuerdo ayudará a Estados Unidos a identificar cuándo las empresas chinas intentan comprar participaciones en partes de las cadenas de suministro de minerales críticos en los países europeos que determinen, o empresas conjuntas, y en adelante impedir la inversión si la consideran un riesgo para sus intereses.  3. Volatilidad en el mercado En septiembre los precios del petróleo sufrieron una caída significativa, llevaron el crudo Brent por debajo de los 70 dólares por barril, un nivel no visto desde diciembre de 2021. Este retroceso, que alarmó a los mercados internacionales, dejó al descubierto un nuevo paradigma en el sector energético: para que los precios experimenten cambios significativos, deben confluir múltiples eventos disruptivos de alto impacto. La desaceleración económica global fue un factor determinante en este descenso. Datos recientes revelaron una contracción en la actividad manufacturera en economías claves como China, Estados Unidos y la Unión Europea, acompañada de indicadores laborales que no cumplieron con las expectativas. En paralelo, la demanda de petróleo en China, tradicional motor del consumo energético global, se mantuvo en niveles moderados de actividad, aunque el país sigue liderando los índices de consumo mundial. Por

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